La escuela Benito Lynch, totalmente renovada después de casi 50 años de su inauguración.

Atravesando Mendoza por la Ruta 40, el paisaje idílico de las bodegas y las botellas de vino for export comienza a desdibujarse para dar lugar a una postal andina igual de imponente, pero más humilde y aislada.

En el cruce de la ruta con la 143 camino a San Rafael, aparece el Paso de las Carretas, llamado así por ser un lugar de descanso de las caravanas con ganado que cruzaban a Chile. Ahí se ubica la escuela rural Benito Lynch, construida en 1971 por la empresa Ford y donada al gobierno provincial.

Al lado de la pequeña iglesia de piedra que resguarda la ruta, en el patio de la escuela con la bandera recién izada, se celebraba la reinauguración de la escuela a la que acuden 55 chicos de distintas edades, que viajan hasta 50 kilómetros todos los días para tomar sus clases. Se festejó a lo criollo: locro, empanadas y hasta un pernil cocinado de manera artesanal por largas horas.

El barco pirata, que se convirtió en la nueva atracción preferida de los chicos.

“La escuela era linda, pero ahora quedó hermosa”, dice emocionada Roxana Gallardo. “La iluminación mejoró especialmente, con paneles solares y todo un sistema de bajo consumo. Esto también ayuda a que los chicos aprendan los conceptos de sustentabilidad”, asegura.

“Acá las escuelas funcionan además como centros comunitarios y las maestras son las verdaderas heroínas”, explica Marcelo Machado, Gerente de Relaciones Gubernamentales y RSE de Ford, “los chicos viajan desde lejos y pasan muchas veces más tiempo acá que en sus casas“.

La escuela del mañana

Claro, el paso de los años fue dejando sus marcas. La escuela estaba deteriorada, a pesar del esfuerzo de muchos de los vecinos que, con lo que podían, la mantenían lo mejor posible. Faltaban hasta los picaportes, hacía frío, la cocina (vital para los alumnos) estaba en malas condiciones y las cloacas y fachadas necesitaban ser renovadas.

Marcelo Machado de Ford junto a la directora Roxana Gallardo y los chicos durante el acto.

Ahí es donde entró el plan “Educación para un nuevo mañana” de Ford, que desde 2002 comenzó un plan de remodelación en las 41 escuelas que la compañía y sus concesionarios construyeron entre 1962 y 1982 en distintas localidades rurales de todo el país. “La educación es la mejor manera de dejar huella”, sintetiza Machado.

Hoy un moderno colector solar le da energía eléctrica, agua caliente y calefacción a la escuela. “Esto es muy importante, ya que en invierno las condiciones son muy duras”, explica Gallardo. Las mejoras también incluyen una huerta, cocina renovada, pintura un salón de usos múltiples y nuevas cloacas con sistemas de infiltración que evitan la contaminación de las napas.

Otro de los puntos preferidos de los chicos es el barco pirata de madera que se construyó en el patio. Ahí corren, se sacan fotos y organizan aventuras de fantasía después del acto de reinauguración

El colector solar instalado por Ford para darle electricidad y calefacción a las instalaciones.

Mabel fue alumna del colegio. “Es muy hermoso ver esto que han hecho”, dice. Su hijo Agustín tiene 5 años y es uno de los que corretea feliz en el barco pirata.  Su marido también trabajó como celador en el colegio “Lo arreglábamos como podíamos, con lo que encontrábamos por ahí”, dice “es muy emocionante verlo así”.

Mabel tiene un niño en brazos de alrededor de un año, que seguramente en poco tiempo aprenda a leer, escribir, sumar y restar en esas mismas aulas.

Fuente: Solar, ecológica y funcional: la increíble transformación de una escuela rural mendocina