El Estado del Vaticano cuenta con alrededor de ochocientos habitantes estables. Entre ellos, un monarca de características teocráticas, ya que sería la voz de cierto dios sobre el planeta Tierra. Desde hace cinco años, tal personaje es oficiado por Jorge Bergoglio, antiguo arzobispo de la diócesis de Buenos Aires que fue entronado en la más grave crisis de la monarquía papal, acosada por juicios y quebrantos por los usos pedófilos y violadores de una parte importante de sus miembros.

En los Estados Unidos, a pesar del oro del Vaticano, esa institución religiosa quebró. Sin embargo, la fábrica de armas Pietro Beretta cuenta a ese Estado monárquico entre sus principales accionistas desde que así fuera aprobado por Pío XII, el Papa que apoyó con entusiasmo al nazismo.

La Santa Sede es un centro de la cultura universal que posee en las cúpulas de la Capilla Sixtina la obra de Miguel Ángel y que enclaustra una biblioteca infinita, que además es secreta, ya que alberga textos y libros censurados por el Códix católico durante siglos, y que siguen permaneciendo secretos. En su breve geografía, el Vaticano encierra una gran información sobre su papel en las matanzas, los genocidios, las complicidades con el nazismo, pactos espurios con el imperialismo, denuncias sobre obispos, curas y hermanos acerca de violaciones de niños en diversos puntos del planeta.

A sus representantes en la Argentina, el Estado nacional les paga anualmente 130 millones de pesos en concepto de salarios. La nación argentina sustenta una superstición religiosa que no tiene ninguna base científica, sino de fe. Una superstición, como toda religión, que indicaría un origen divino, y una vigilancia de tal orden, sobre los actos de las personas.

Se les paga el triple a los obispos que a los maestros. En muchos casos, se financia entonces la pedofilia.

La Iglesia Católica en la Argentina es la responsable de la disminución del reparto de preservativos, a la vez que se opone férreamente a la legalización del aborto seguro y gratuito. Condena la homosexualidad (Bergoglio llamó a combatir “el plan del demonio” que implicaba la legalización del matrimonio igualitario). Ofrece el infierno al uso libre de los cuerpos y la sexualidad, salvo cuando sus curas abusan de niños indefensos.

Es hora de que el Estado deje de pagarles los sueldos a los representantes de una superstición medievalista en la Argentina. Es hora de que los curas no dependan del Estado argentino.

Fuente: Que el Estado deje de pagarles los sueldos a los representantes de la Iglesia Católica