Argentina dejó pasar la oportunidad de ganar su tercera estrella en el Mundial de Brasil 2014. Y, más allá de su performance lúdica en la final frente Alemania, quizá también tuvo incidencia la mala gestión en cuanto a la designación del árbitro; no comprender cómo es el proceso mental de un juez cuando recibe este tipo de honor.

Tuve la oportunidad, por razones profesionales, de estar en Brasil durante todo el Mundial, de hacer el análisis arbitral después de cada designación y luego cada encuentro. La razón: ser el Director Nacional de Arbitraje de AFA.

Así, le ofrecía al cuerpo técnico el análisis técnico, las características del elegido, qué tipología ofrecería a la hora de aplicar el reglamento en el control del juego. Porque todos los árbitros leen la misma Biblia, pero algunos son más pragmáticos u ortodoxos a la hora de juzgar  y en el proceso de la toma de decisiones.

En general, un árbitro que asiste a un Mundial tiene oportunidad de llegar a controlar, como máximo y siendo de los mejores, 3 o 4 encuentros. Y por todos los medios, como una ley que no figura en ningún libro, va a tratar de “ser y parecer “.

El día de la designación de las autoridades para la final entre Argentina y Alemania me había enterado en forma extraoficial que muy posiblemente podía ser elegido el sueco Jonas Eriksson, un árbitro fino pragmático e inteligente en el control del juego, categoría FIFA desde el año 2002 y con historia para este tipo de encuentro.

Eriksson, el sueco que aparecía como candidato para la final. Pero el nombre cambió

Pero ocurrió un cambio inesperado, desconociendo oficialmente las razones: el elegido fue el italiano Nicola Rizzoli, nacido en Bologna, arquitecto. Un buen árbitro, no muy conversador, con personalidad, gestos sencillos.

Nos había dirigido ya dos veces en el Mundial:  contra Nigeria (triunfo 3-2 de Argentina) y contra Bélgica, en cuartos de final (1-0 en favor de la Selección nacional). Sin embargo, no le había tocado conducir un encuentro del conjunto alemán. El dato, para el común de la delegación, lucía alentador…

Enterado de la designación, mis comentarios fueron de total preocupación. No por sus condiciones, sino por saber cómo pensamos los árbitros. Piensen, en ese contexto, en el torbellino de ideas en el que estaba sumergido Rizzoli.

¿En ningún Mundial un árbitro había dirigió tres veces a un mismo equipo y luego salió campeón? Justo a él podía sucederle.

“Una”, le pide Mascherano a Rizzoli (Foto: Getty)

Esta forma de pensar podría ser una fantasía, pero los que transitamos tantos años el mundillo del arbitraje conocemos cómo razonamos los árbitros. Hay frases que son sabias, como la que indica que sólo un árbitro entiende a otro árbitro.

Conocido el cambio, lo dije y lo escribí en mi informe, ante cualquier jugada conflictiva su proceso en la toma de decisiones nunca iba ser a favor de Argentina.

Lamentablemente, mi experiencia arbitral de 40 años me llevó a presenciar, en el minuto 55 de juego y sentado a una distancia de no más de 25 metros de la acción, la controvertida acción del penal de Manuel Neuer a Gonzalo Higuaín.

Antes de continuar, les quiero contar cuál es el protocolo con el que se prepara al árbitro durante su formación en cuanto a las jugadas de contacto físico.

Este cuestionario es el protocolo que asiste al juez en a la hora de tomar la decisión.

¿Quién inicia el contacto en forma peligrosa? ¿Defensor o atacante?

Distancia + Velocidad + Fuerza= contacto físico, provocando un riesgo

¿Qué parte del cuerpo utiliza? ¿Puede dañar el físico del adversario?

¿Qué parte del cuerpo golpea? ¿Implica mayor o menor riesgo?

¿Hay riesgo de lesión? ¿Quién la puede provocar, el defensor o el atacante?

Siguiendo el protocolo, no se puede tener dudas: las respuestas a las preguntas llevan a que Manuel Nauer inicia el contacto haciéndole correr riesgo físico a Higuaín.

La temeridad por la distancia, la velocidad que trae sin ningún tipo de preocupación y la fuerza con que llega, pueden provocar una lesión. La falta la provoca el alemán.

La regla dice textualmente que “se penalizará con un tiro libre directo o un tiro penal”. Y por ser una acción “temeraria”, dado que no tiene en cuenta el riesgo o las consecuencias para un adversario, debe ser amonestado.

Rizzoli habla con Messi en la controvertida final (Foto: Getty)

Fue falta, dentro del área penal. Y disciplinariamente correspondía tarjeta amarilla para el arquero.

La historia dice que el amigo italiano cobró tiro libre en contra. Y privó a la Argentina de la posibilidad de poder ir ganando el encuentro para encaminarse hacia su tercera Copa del Mundo.

Lamentablemente, mi vaticinio ocurrió. Y la regla no escrita del “ser y parecer” quedó confirmada con el accionar de Rizzoli.

Fuente: Por qué el árbitro italiano no cobró el penal de Neuer a Higuaín en la final del Mundial de Brasil 2014