La mujer rural aparece por primera vez en la agenda del G20 por iniciativa argentina.

Las problemáticas de la mujer en cuanto a su participación, educación e inclusión en la sociedad no son nuevas. Sin embargo, recién se conformó el Women 20 (W20), en 2015, durante la presidencia turca del G20, para apoyar los esfuerzos realizados por el G20 en línea con el crecimiento inclusivo.

Si bien se han tratado temas ligados con la producción de alimentos, la condición de las mujeres rurales no ha sido tenida en cuenta en otras reuniones, lo cual llama la atención para el W20, si se entiende que las mujeres rurales son las responsables del 40% de la producción de alimentos del mundo.

En diálogo con Infobae, Juliana Bonetto, Directora Ejecutiva del W20, se refirió a los problemas que tiene la mujer rural y a las líneas de acción para abordarlas.

En primer lugar explicó que “este año, bajo la presidencia argentina, país con una raíz en las actividades rurales, más allá de agrarias, muy fuerte, y en total sintonía con las agendas internacionales, se decidió incorporar el eje y demostrar como los otros tres ejes que trabajamos, inclusión digital, inclusión financiera, inclusión laboral, impactan sobre la población rural y multiplican las posibilidades de desarrollo“.

“Las mujeres rurales son en algún punto la suma de múltiples exclusiones”, comentó Juliana Bonetto en diálogo con Infobae.

En este sentido, desde el grupo de afinidad W20, plantean que si las cifras sobre la posibilidad de desarrollo de las mujeres urbanas son bajas y preocupan, si miran hacia las mujeres alejadas de la urbe las estadísticas se desploman, y la problemática, se profundiza.

Las barreras

En cuanto a los problemas que tiene la mujer rural de hoy, Bonetto contó que giran principalmente alrededor del derecho de acceso a la tierra, a la tecnología, a medios de capacitación, infraestructura, financiación, y la lista continúa. Al respecto, explicó que en las zonas rurales, la tierra es uno de los principales activos, porque proporciona alimento para el hogar, el ganado, y para su venta. Además, es el principal elemento usado como colateral al pedir un préstamo bancario.

“No poseer tierra supone una gran desventaja”, aseguró y a su vez, indicó que “en esta situación se encuentran multitudes de mujeres, que por leyes escritas o costumbres populares, se les prohíbe poseer y heredar tierras”.

Existen 1.6 mil millones de mujeres campesinas en el mundo, pero sólo el 2% de la tierra es propiedad de ellas y reciben el 1% de todo el crédito.

Bonetto fue clara y contundente: “Las mujeres rurales son en algún punto la suma de múltiples exclusiones, y es por eso que trabajar sobre las barreras para el desarrollo y sobre la generación de propuestas para promocionar su crecimiento, y es por eso que trabajar sobre las barreras para el desarrollo y sobre la generación de propuestas para promocionar su crecimiento, supone un trabajo de visibilización de una población que no está siendo atendida”.

Desde otro ángulo, el trabajo que se realiza sobre aquellas mujeres relacionadas a la actividad agropecuaria desde entidades gubernamentales y sociedades rurales tiene más que ver con aspectos ligados a la inclusión laboral, como asegurar el crecimiento y desarrollo de las carreras profesionales y el acceso a cargos de jerarquía. “Son problemáticas que se enfrentan desde todos los sectores y que se trabajan desde el eje inclusión laboral”, aclaró Bonetto.

Créditos y seguridad laboral

Al ser consultada por Infobae acerca de las propuestas que tiene el W20 para abordar la lista de problemas, respondió que “formalmente se presentan en octubre, pero hay algunas líneas de acción claras hacia donde queremos avanzar y por donde pensamos que se debe dar la discusión”. Como los países del G20 representan realidades muy diversas en lo que refiere a sus problemáticas de género y de ruralidad, desde el W20 se enfocaron en algunas barreras que son un denominador común: el bajo nivel de otorgamiento de créditos a las mujeres rurales y los bajos estándares de seguridad que rodean el trabajo de las mujeres en la ruralidad.

En el caso del primer problema, Bonetto, explicó: “Las propuestas son integrales y requieren de trabajo previo ligado a la condición de formalidad del trabajo realizado por las mujeres”.

Con respecto al segundo, se refirió a la promoción de ámbitos de trabajo seguro y legal, para asegurar que las mujeres rurales, quienes en su generalidad realizan trabajos fuera del sistema formal, pueda acceder a los beneficios del trabajo formal y no aumenten su marginalidad, y además permiten acceder a créditos en sistemas seguros.

Impulsoras

Según comentó Bonetto, recientemente confirmaron la asociación con ONU Mujeres a nivel regional que va a dirigir el eje en términos de contenido y se trata de un aliado clave, ya que este año, en la Comisión por la Condición de la Mujer de las Naciones Unidas, el eje principal se enfocó en el desarrollo de las niñas y mujeres rurales.

A nivel local trabajan con AAPRESID, Grupos de Productores del Sur y la Asociación Marianne. Por último, resaltó: “De nuestro país tenemos representantes de lujo, nuestras delegadas Fabiana Menna y Francisca ‘Olga’ Aparicio representa a la Fundación Gran Chaco que es un gran ejemplo de buenas prácticas y organización de cooperativas para el desarrollo de las mujeres rurales”.

Fuente: Por primera vez, la mujer rural llega a la agenda del G20