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Pedrosa

Dani Pedrosa ha anunciado este jueves que se retira después de 13 años en la élite del motociclismo. Lo hace bajo la idea de poner fin a una de las historias más prometedoras del automovilismo español, que deja el amargo sabor de no haber conseguido coronarse en MotoGP.

A sus 32 años, parece más una cuestión mental que física. Pocos pilotos de la categoría reina se han visto tan castigados por las magulladuras de las caídas y, aun así, han combatido con honores sobre las motos más pesadas del planeta. De gen ganador y alto nivel competitivo, Pedrosa ha vivido la coyuntura de coexistir con los mejores de historia. De ahí que haya tenido complicado proyectar todo lo que se esperaba de un piloto que fue batiendo récords en las categorías de 250cc y 125cc.

En la primera ganó dos títulos y en la más pequeña de las categorías profesionales se alzó con uno. Batió marcas de precocidad, algo que le sirvió para creer que sería el abanderado triunfal de un motociclismo español que comenzaba a dar sus frutos. 31 victorias —ningún otro piloto logró tantas sin ser campeón— en la categoría reina bajo un pilotaje lleno de clase. Admirado y respetado por sus rivales, Valentino Rossi le ha pedido para Yamaha porque sabe que con una buena moto es capaz de ganar.

Se va, además de con la treintena de victorias, con 112 podios, 31 poles y 44 vueltas rápidas, pero sobre todo con la sensación de que si las lesiones no hubieran sido protagonistas en su carrera, el nombre de Dani Pedrosa hubiera llegado más lejos. La historia de un campeón que peleó en las adversidades se queda corta para su enorme talento y finura sobre las motos.


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