Los chicos de primer año de la Escuela Nº 22 (Lihuel Althabe)

La repitencia está instalada en el sistema educativo argentino. Al chico que no cumple con determinados aprendizajes se lo retrasa un año. Se espera que en ese año se ponga a la par de sus nuevos compañeros. La suposición no se cumple en los hechos. Los alumnos repitentes presentan dificultades para aprender. A pesar de la sobreedad, se los ve más rezagados.

En la secundaria argentina repite uno de cada 10 estudiantes. En los últimos cinco años tuvo variaciones ínfimas el porcentaje. La cifra que supone es 400 mil estudiantes que se retrasan por año. A medida que avanza la escolaridad, disminuye la cantidad de repitentes. El techo está en segundo año donde se estanca el 14,2% de los alumnos y el piso es quinto año con solo 5,9%.

Los datos surgen de un nuevo informe presentado por la plataforma interactiva del Observatorio Argentinos por la Educación. El boletín entrecruza datos de repitencia con resultados de Aprender 2017. Allí se observa que, en matemática, el rendimiento de quienes repitieron una vez es 16% inferior que los que avanzaron en el tiempo pautado.

En lengua se observa un fenómeno similar. La mitad de los repitentes no alcanza un nivel satisfactorio en comprensión de textos. En las dos materias, la brecha se estira aún más si se considera a los jóvenes que repitieron dos veces o más.

“Los datos sugieren la necesidad de revisar el mecanismo de repitencia como herramienta pedagógica y de crear alternativas que favorezcan que los estudiantes aprendan mientras avanzan en sus trayectorias escolares”, señaló Ignacio Ibarzábal, director ejecutivo del Observatorio Argentinos por la Educación.

Cuando se mira pormenorizadamente, se observa que en algunas provincias parece un dispositivo de excepción mientras que en otras es mucho más habitual. La Rioja (3,3%), San Luis (7,2%) y la Ciudad de Buenos Aires (8%) son las que menor tasa de repitencia presentan. En tanto, Santa Cruz se despega del resto. En 2016, retuvieron al 18,9% de los alumnos.

No hay una sola salvedad. Tanto en lengua como en matemática, los alumnos de quinto año que declaran haber repetido al menos una vez están por detrás en rendimiento de sus compañeros en todas las provincias.

“La repitencia no contribuye a mejorar los aprendizajes. No se aprende por repetir al año siguiente lo que no se logró el anterior. Es necesario anticipar estrategias para ayudar a los estudiantes durante el proceso de aprendizaje”, consideró Rebeca Anijovich, investigadora y profesora de Udesa, UBA y Flacso. “La repitencia los deja afuera de su grupo de pertenencia, estigmatiza al repetidor y todo esto impacta en su autoestima”, agregó.

La Secundaria 2030, que aprobaron todos los ministros de educación y que empezará implementarse a partir del año que viene, apunta, en parte, a ser más contemplativos con la trayectoria de los estudiantes. Recomienda tener en cuenta “otros modos de evaluar, acreditar y promocionar que acompañen la transformación del modelo educativo”.

En la primaria, un método que se descarta

Según supo Infobae, la situación en la primaria es bien distinta. La repitencia es mínima. En 2016, fue solo del 2,2%. De un total de 4.549.467 alumnos, solo se retrasaron 100.088. La tasa viene en franco descenso en los últimos 5 años, ya que en 2011 era casi del doble.

Parte de ese fenómeno se debe a que, en 2012, durante el Consejo Federal, se resolvió que primero y segundo grado pasarían a ser “una unidad pedagógica integrada” con el objetivo de nivelar conocimientos. Ese cambio generó que las evaluaciones pasaran a tomarse al final de segundo grado y, que de ese modo, no se pueda repetir en primero.

La eficacia de la repitencia se discute el mundo. En el nivel primario, incluso, ya la mayoría decidió descartarlo. Un informe de la Dirección Nacional de Información y Estadística Educativa reveló que, de 155 sistemas educativos analizados, solo 37 conservan el dispositivo pedagógico.

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