La digitalización es inevitable. El reto es hacerlo de la mano de un buen gobierno y con respeto a la sociedad y el medio ambiente. Un trío de necesidades que enfrentan las empresas tradicionales en pleno siglo XXI, como quedó patente en una de las conferencias del XXXIV Cercle d’Economia.

Un cambio constante que obliga a formarse continuamente, a replantearse conceptos, culturas y estrategias. Ya vivimos en un mundo en el que conviven empresas tradicionales con gigantes tecnológicos como Google y start-ups de nuevo cuño. Así lo planteó el presidente de Seat, Luca de Meo, quien reconoció que “el automóvil a veces no llega primero a la digitalización”.

La importancia de la formación

De Meo se mostró positivo. “Están cambiando muchísimas cosas”, abundó. Unos cambios que abren un horizonte de posibilidades, pero que obligarán a todos a “transformar” a su gente, reciclando su formación de manera continua, evitando “una fractura social” entre los que tienen conocimiento digital y los que no.

El sector, en todo caso, se ha sabido adaptar y “en los últimos cinco años se han visto crecimientos brutales de la inversión”, poniendo el foco en las marcas del grupo Volkswagen. Por delante aparecen desafíos como la implantación del motor eléctrico, la extensión del coche conectado o el autónomo. En ese sentido, plantea que Tesla ha sido un “despertador” para el sector, que ha reaccionado y con unos resultados “que se verán muy pronto”.

No quedar rezagado

Desde Indra, su presidente, Fernando Abril Martorell, llamó a no dormirse en la carrera de la digitalización. El riesgo es quedar rezagados. El mayor peligro es caer en una dualidad, que haya dos realidades conviviendo, con unas empresas digitales líderes y otras a rebufo. Su impacto se ve en el aumento de la productividad.

Abril Martorell profundizó en este aspecto. Planteó que todos esperaban que la productividad creciera a ritmos mayores con la digitalización. Pero es algo que no se está dando. Expuso como posibilidades que no se esté midiendo bien el impacto del avance tecnológico en el PIB o que estemos en una fase demasiado inicial. “Tardaremos años en ver cómo se implementa la economía digital”, sostuvo.

En cualquier caso, ve los avances inevitables. “El número de empresas digitales está creciendo exponencialmente. La tendencia de inversión se está acentuando, la apuesta cada vez es mayor”, expuso. En ese sentido, apuntó que una Administración que se digitalice es el mejor ejemplo para las empresas de un país, que irán detrás, y que una directiva implicada es crucial.

El cambio, con responsabilidad y respetando la marca

Marc Puig, presidente de Puig, puso la atención sobre la responsabilidad social corporativa. Que la empresa no se centre sólo en ganar dinero, sino que también repercuta en la gente. “Cada vez más las empresas no podemos operar de espaldas a la sociedad”, afirmó. En ese ámbito, destacó la importancia de la reputación y el orgullo de pertenencia.

Para Puig, hay que equilibrar cualquier transformación con la necesidad de preservar tanto la marca como el legado, sobre todo en empresas familiares como la que preside. Pero sin renunciar a ser líderes de la disrupción.

Con el foco más puesto en su negocio, en referencia al empuje del e-commerce planteó que es algo transversal, pero “depende del sector en el que estés pasa de un modo y una velocidad distinta”. En su caso, las ventas online pesan cada vez más, algo impensable hace apenas unos años en un sector como el lujo, en el que opera.


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