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En general, me suelo mostrar optimista en torno a los niños y la tecnología. Trabajo en el sector de la educación y, diariamente, veo el poder y los efectos positivos de los dispositivos. Sin embargo, también soy realista sobre los efectos de crecer rodeado de tecnología y que el acceso a la información pueda llegar a ser perjudicial para los niños, dependiendo de la etapa de desarrollo. Es por eso que los niños necesitan una tutoría reflexiva y sensata por parte de los padres y maestros que no solo están al tanto de las tendencias digitales, sino de cómo afecta esta tecnología a nuestros hijos.

Es difícil hacer eso cuando los padres son bombardeados por titulares que sugieren que los dispositivos digitales están en la raíz de algunos de los problemas más graves de salud mental. Un artículo de Jean M. Twenge, titulado ¿Han destruido los teléfonos inteligentes una generación?, ha despertado algo de pánico entre los padres. Donde quiera que vaya, tanto los progenitores como los educadores me preguntan sobre ese artículo y si es verdad que los teléfonos inteligentes provocando depresiones en los más pequeños.

Y la respuesta es… No sabemos. Tenemos muy pocas pruebas hasta la fecha. Es bueno que haya más atención dedicada a estos temas, y que hayan investigaciones en curso. Pero los mismos pocos estudios que existen se reciclan como si estuvieran agregando algo nuevo a la conversación. Hay decenas de estudios cada semana que sugieren que los teléfonos inteligentes hacen que nuestros hijos estén ansiosos y deprimidos.

Sin embargo, también hay mucha evidencia de que esta generación no está siendo “destruida por los teléfonos inteligentes”. Incluso Twenge reconoce que su investigación es correlativa y que no ha demostrado que estos dispositivos causen problemas, solo que muchos más niños tienen teléfonos inteligentes, y un índice un poco superior ha sido diagnosticado con depresión. Estoy de acuerdo con ella en que los aumentos de depresión y el suicidio son preocupantes.

Algunas de las preguntas que plantea la investigación son: ¿Existen otros problemas predominantes que hacen que los niños estén deprimidos o ansiosos? ¿Es más probable que los niños denuncien estos problemas por sí mismos más de lo que lo hicieron en el pasado? ¿Los niños con depresión pasan más tiempo en sus teléfonos como válvula de escape? Deberíamos tener más investigaciones al respecto. Puede ser útil en el futuro. Pero también debemos enfocarnos en los jóvenes que tenemos en nuestro alrededor.

Si tu hijo está deprimido, observa todos los factores posibles de esta condición, y lo puedes hacer con la ayuda de un terapeuta o psicólogo calificado. Considera la tecnología. Pero tendrás que determinar si es la raíz de los problemas o un factor que contribuye a algo más extenso. ¿Con quién está interactuando tu hijo en el dispositivo? ¿Qué contenido está viendo? Solo analizar el tiempo de pantalla no te dirá todo lo que necesitas saber.

Si tu hijo no muestra signos de depresión, pero el uso de la tecnología está interfiriendo con el sueño, esa es una cuestión diferente. El sueño es esencial para la salud física y mental. Trabaja con eso para moderar el uso o incluso desenchufar el dispositivo ocasionalmente.

Si tu hijo tiene problemas con la baja autoestima, la imagen corporal o mantiene conflictos frecuentes e intensos con sus compañeros, las redes sociales y las aplicaciones de mensajes grupales pueden exacerbar o reforzar los patrones negativos. Ejemplos extremos serían mirar el contenido sobre autolesiones o desórdenes alimenticios. Las mentes jóvenes tienen problemas para reconocer esto a veces, que es donde los padres pueden ayudar.

Si sospechas que tu hijo está deprimido, comunícate con un profesional de la salud mental. Si el tiempo de pantalla parece alejar a tu hijo de la actividad física o las interacciones cara a cara con familiares y amigos, trabaja con él para encontrar el equilibrio.

Por otro lado, si tu hijo simplemente tiene un gran interés en compartir tiempo en las redes sociales, crear videos para YouTube o transmitir en vivo en Twitch, tómalo como algo positivo. Su impulso de conectarse, compartir y crear es saludable.

Primero, mira lo que quieren compartir. Esto te dirá sus objetivos. ¿Es para enseñar a otros una habilidad, como tocar la guitarra? ¿O tal vez un pasatiempo compartido, como dibujar cómics o tejer pulseras? Luego, pregunta al niño cómo definen el éxito en las redes sociales. Un niño que quiere hacer un show de cocina con sus amigos podría estar en una plataforma diferente de la de un niño que está luchando para acumular tantos seguidores como uno de los famosos youtubers. Notarás la diferencia entre un deseo saludable de enseñar o compartir en lugar de un motivo superficial y egoísta, y puedes guiar al niño hacia actividades saludables.

Deja los titulares a un lado y aborda estos problemas como una guía. Los dispositivos, las aplicaciones y los juegos no son una parte importante: el crecimiento de tu hijo sí lo es. No necesitas saber todo sobre cada aplicación. Solo necesitas saber lo suficiente para ayudarlo a tomar decisiones sobre su crianza.

Estas son algunas formas de ayudar a tu hijo:

Modela una relación reflexiva con los dispositivos: que no se pasa el tiempo enviando mensajes de texto o revisando su timeline de Instagram, o que no hay teléfonos durante la cena.

Establece límites claros y súmate a ellos. Si el hecho de echar un vistazo a las últimas noticias antes de acostarte te perjudicaba el sueño, compártelo con los demás y di por qué has restringido esta práctica y qué resultados has tenido.

Enséñales a usar la tecnología para marcar una diferencia positiva en el mundo, en lugar de mirarse el ombligo, autopromocionarse u obsesionarse con otras personas.

Ten estas conversaciones con tus hijos y permíteles ser parte de la conversación. Son inteligentes y conocedores, y también pueden enseñarte nuevas cosas.

A pesar de mi escepticismo en relación a la conclusión de que el incremento de las tasas de depresión en adolescentes debido a los teléfonos inteligentes están destruyendo una generación, me alienta ver los esfuerzos del Centro para la Tecnología Humana. Fundado por antiguos empleados de Facebook y Google, el grupo está tratando de hacer que la tecnología esté al servicio de los humanos, y no al revés. Existen factores de diseño intencionales que hacen que las aplicaciones sean difíciles de abandonar o dudamos si dejar o no nuestros teléfonos. Hay que mirar estas cosas con un ojo crítico.

Debemos examinar nuestra relación con la tecnología y debemos parar si sentimos que las aplicaciones nos están manipulando.

Muchos padres informan que los niños se sienten ansiosos por mantener activo el ciclo de 24 horas de contenido de Snapchat, incluso piden a los padres que hagan publicaciones para ellos cuando están fuera del campamento. Examinar cómo se diseñan las aplicaciones y facultar a los usuarios de las técnicas que utilizan para reclamar su atención son desarrollos prometedores.

Entonces no te desesperes. Mira al niño que tienes. No te fijes en los titulares que dicen que tu hijo puede parecer que tenga problemas con amigos si no le dan like a sus fotos. Puede que no esté deprimido, ni siquiera que tenga una definición clínica de ansiedad, pero de todos modos puede necesitar algún asesoramiento para navegar en el mundo digital.

Hablar de las experiencias en las redes sociales con una actitud de miedo y culpa no ayuda. La curiosidad reflexiva y el escepticismo saludable son ingredientes mucho mejores para despertar el instinto de los ciudadanos digitales inteligentes. Están usando estas herramientas de manera positiva y con estilo. Podemos ayudarlos, reconociendo sus fortalezas y ayudándoles a aprender a sortear algunos de los escollos.

Fuente: Lo que los padres deberían hacer en vez de preocuparse por los efectos de los teléfonos inteligentes