Der Spiegel- The New York Times. Especial

Larry Summers, ex secretario del Tesoro durante el gobierno de Bill Clinton, y uno de los principales asesores económicos en los primeros años de gobierno de Barack Obama, es considerado como una de las voces más autorizadas para hablar de economía en Estados Unidos. En esta entrevista con el semanario alemán Der Spiegel, el experto de la Universidad de Harvard habla de la escalada de las tensiones comerciales entre su país, China y Europa y del daño que probablemente causen las políticas económicas del presidente Donald Trump a sus propios seguidores en el mediano plazo.

En especial, Summers señala que el aumento de los precios del acero harán que las empresas pierdan competitividad y esto puede generar despidos. Y también la caída del poder adquisitivo del salario en los próximos años, en un escenario de incrementos de precios de los bienes de consumo.

-El presidente estadounidense Donald Trump anunció la próxima ronda de aranceles a los productos chinos por un total de 200.000 millones de dólares si Beijing toma represalias por los aranceles anteriores impuestos por Estados Unidos. ¿Esto se ha convertido en una guerra comercial?

-La semántica es menos importante que la realidad económica. Vemos hoy un ciclo de escalada. Predominan los elementos nacionalistas y proteccionistas de ambas partes. Hacen alarde de machismo y dañan a ambas economías. Desde el punto de vista del comercio, ya no estamos disparando salvas ni ejecutando maniobras. Ahora este es un conflicto con municiones reales.

-¿Pero Trump no tiene razón? China todavía protege sus mercados con enormes barreras al ingreso de extranjeros. Occidente se queja de ello desde hace años.

-El presidente no tiene razón en la forma en que lo está haciendo. No hay mucho en los registros históricos que indique que este tipo de bravatas y amenazas sea efectivo. Es un logro extraordinariamente negativo de nuestra diplomacia económica que nuestros aliados tradicionales simpaticen más con China que con nosotros porque los estamos sancionando.

-¿Cómo cree que reaccionará China a la declaración de Trump?

-China será reacia a sentar un principio por el que Estados Unidos pudiera tener éxito lanzando ese tipo de amenazas extremas porque eso fomentaría más de esos comportamientos en el futuro. Recuerde: China tuvo un superávit comercial de 8 a 10 por ciento del Producto Bruto Interno y lo redujo a menos del 2 por ciento porque en eso se fijaba EE.UU.

-China posee letras del Tesoro estadounidense, notas y bonos que valen más de un billón de dólares. ¿Es esa un arma que Beijing usará para propósitos de represalia?

-Nunca digas nunca. Pero tomar medidas que hagan caer el valor del dólar sería enormemente costoso para los chinos, dada su gran posición externa en activos en dólares. El resultado quizá sería un dólar más competitivo con relación al euro, lo que muchos en los Estados Unidos verían como una ventaja. Por lo tanto, no preveo que China venda activos en dólares como elemento de influencia.

-¿Entonces con qué pueden amenazar?

-Tienen un espectro muy amplio para contraatacar, no sólo contra las exportaciones estadounidenses sino también contra las empresas estadounidenses en China. Si seguimos por este camino, el clima de negocios se volverá mucho más difícil para las compañías estadounidenses en China. Inevitablemente, los consumidores y los compradores de bienes de capital chinos tendrán menos entusiasmo por las cosas que representen a los EE.UU. Me resulta difícil ver eso como beneficioso para nuestros intereses.

-¿Por qué cree que no hay una protesta abierta dentro de la comunidad empresarial estadounidense?

-Muchas compañías de Estados Unidos están consternadas ante algunos aspectos de la política del gobierno. Es insólito que CEOs como Jamie Dimon de JPMorgan o Satya Nadella de Microsoft alcen la voz con respecto a nuestra política migratoria. El presidente carece de una reserva de credibilidad entre los grandes dirigentes de empresa. El consejo asesor económico del presidente Trump debió disolverse por la renuncia de los CEOs. Eso no tiene precedentes. Los dirigentes de empresa temen que este enfoque de fanfarronadas lleve a una represalia contra ellos y a un favoritismo chino por sus competidores europeos y japoneses. Y nadie quiere que el precio de sus insumos aumente sustancialmente como ocurrirá por los aranceles al acero y el aluminio.

-Pero Trump ha rebajado los impuestos considerablemente. Las empresas estadounidenses deben estar agradecidas con las medidas tomadas por Trump.

-Obviamente a las empresas estadounidenses les gustan las rebajas de impuestos. ¿Pero qué han hecho hasta ahora? Las grandes empresas han anunciado compromisos de aumentar las compras de sus propias acciones y los dividendos, mientras que sólo hubo algunos pagos cosméticos de bonificaciones por única vez. Hasta ahora no hay demasiadas pruebas de grandes beneficios que fluyan a los trabajadores. Y no se olvide de que todo lo que entusiasmaba a las empresas estadounidenses en lo que hace a política internacional –el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP), el Acuerdo de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA) y la Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión (TTIP)- está en peligro o ya ha desaparecido.

-Muchos defensores del libre comercio han dejado la Casa Blanca. El nuevo jefe de asesores comerciales de Trump, Peter Navarro, es un antiglobalista declarado. ¿Qué piensa de él?

-No creo que haya ningún economista que tenga respeto por las opiniones que ha expresado Navarro sobre el comercio o los déficits comerciales. El secretario del Tesoro Steven Mnuchin guarda silencio sobre los temas comerciales porque sabe que no hay nada racional que pueda decirse en defensa de las decisiones que ha tomado el presidente. Pero la verdadera tragedia es otra.

-¿Cuál?

-Los mismos que votaron por Trump se verán perjudicados porque tendremos un déficit comercial más grande, no uno más pequeño, debido a las políticas fiscales. Vamos a tener más trastornos por la menor competitividad y la mayor cantidad de despidos porque las firmas manufactureras no pueden competir debido al aumento del precio del acero. Tendremos un menor poder adquisitivo del salario debido al aumento de precios que generarán las políticas de Trump. Las personas que votaron por él se encontrarán con que la política del presidente se opone directamente a sus intereses.

-Pero la economía estadounidense está en auge: los salarios suben y el desempleo baja.

-Eso es cierto a corto plazo, ¿pero esa política es sostenible? No lo creo. En los últimos dos años, hubo un fortalecimiento general de la economía mundial que también se dio en los EE.UU. Nuestro pronóstico de crecimiento ha sido corregido al alza menos que el pronóstico mundial en los últimos años. No veo que haya habido un desarrollo ligado de manera crucial a las políticas de Trump. Si se pensaba que Estados Unidos mostraba el camino, el dólar debería estar más fuerte, no más débil, desde que Trump asumió su cargo.

-¿Por qué el Partido Demócrata está tan débil? No parece haber en el horizonte una figura líder que tenga posibilidades de derrotar a Trump en 2020.

-Es demasiado pronto para que el partido se una en torno a un candidato. Pero eso va a ocurrir. Pocos habrían predicho que Bill Clinton y Barack Obama serían candidatos demócratas dos años antes de sus respectivas elecciones. Los demócratas tienen varios gobernadores, senadores y personas de fuera de la escena política que son atractivos.

-¿Cuál es su pronóstico para los próximos meses? ¿Qué sucederá en materia de comercio y economía mundial?

-No preveo una desaceleración importante de la economía mundial pero sí algunos aumentos de aranceles superiores a los que están en vigencia. Pero me sorprendería que tuviéramos una escalada con todas las de la ley porque las consecuencias serían demasiado grandes. En algún momento habrá una vuelta atrás. En el caso de Trump, dar marcha atrás con su política consistirá en encontrar la manera de cantar victoria. Y si uno no se ve limitado por la realidad, es más fácil encontrar la manera de cantar victoria.

Los populismos en Europa

-Europa se está fragmentando políticamente y el nacionalismo está en alza. ¿Esto hace que sea presa fácil para Trump?

-Los movimientos autoritarios de determinados países y el ascenso del populismo son profundamente preocupantes para los que nos entusiasmamos con la caída del Muro de Berlín y una Europa cada vez más integrada. Todo eso ahora está en duda, dada la política del Brexit y lo que está ocurriendo en Alemania e Italia.

-El presidente francés Emmanuel Macron es el líder de Europa, pero carece de apoyo.

-En general, simpatizo con su proyecto pero el diablo está en los detalles. Ojalá encontrara menos resistencia política en Alemania y un espíritu más constructivo en materia de reformas estructurales entre los países del Mediterráneo, en especial en Italia.

-¿La Unión Europea puede implosionar?

-La ruta hacia una mayor integración podría no avanzar rápidamente y con seguridad habrá tropiezos y crisis, pero la UE quedará intacta. La cuestión de la inmigración es sumamente polémica. Si se interpreta que la idea de más integración europea es sinónimo de controles fronterizos nacionales muy débiles, no es probable que sea políticamente aceptable en muchos países. En general, la perspectiva de que la UE permanezca unida luce mejor que hace un año. La falta de liderazgo estadounidense aumenta la presión para que los europeos cooperen, y eso mantiene en marcha la unión.

-¿Cómo debería reaccionar la UE si Trump toma medidas para imponer nuevos aranceles a los productos europeos, en especial a los autos?

-Preveo que elegirán bienes de exportación que sean políticamente sensibles en los EE.UU. Estoy seguro de que los europeos ya están trabajando en eso y no tendrán dificultades para encontrarlos. Pero esto también tendrá lugar a expensas de muchos trabajadores.

-En la reciente cumbre del G-7 en Canadá, Trump sorprendentemente ofreció eliminar todos los aranceles para los europeos. ¿Podría ser esa una solución viable?

-Como economista, me gusta todo lo que tienda a reducir los aranceles. Pero esa idea es algo ingenua ya que deja de lado otras cuestiones como los cupos y la regulación.

Traducción: Elisa Carnelli


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