Lunes, toca acercarse a cada ayuntamiento para revindicar unas pensiones dignas ajustadas al IPC. Un lunes al mes llega la concentración colectiva en las escaleras del consistorio de Bilbao.

Tras los últimos casos de abusos sexuales, a los gritos de los jubilados se unen voces aclarando que ‘no es no’. Días antes miles de personas ocupaban a lo largo y ancho la Gran Vía, la arteria que cruza de lado a lado la capital vizcaína, para reclamar –por fin– la igualdad de hombres y mujeres
.

Antes del 8-M, y antes de la actual lucha por las pensiones, muchos de los que hoy reivindican sus derechos como jubilados o mujeres ya alzaban su voz en la crisis de los años 70 y 80; en la larga reconversión industrial; durante la transición. A ellos se unen ahora los jóvenes.

La concentración habitual de los lunes convocada por los colectivos de jubilados para reivindicar pensiones dignas
La concentración habitual de los lunes convocada por los colectivos de jubilados para reivindicar pensiones dignas (Javier Zorrilla / EFE)

Ayer como hoy el País Vasco coge protagonismo en las protestas sociales y económicas.

Hoy como ayer, el País Vasco es de los territorios con mayor renta per cápita de España.

Y la clave, según los expertos, de que una cosa y otra encajen sin descarrilar está en su industria. Junto a ella, en tener un tejido asociativo consolidado y una cultura de la movilización que no ha desistido de alzar la voz –ni en las mejores ni peores etapas.

Las protestas en los astilleros Euskalduna de Bilbao en noviembre de 1984
Las protestas en los astilleros Euskalduna de Bilbao en noviembre de 1984 (MO – J.A. Miranda (Biblioteca Histórica Marqués de Valdecilla, UCM))

Quién no se acuerda de las protestas a lo largo de la ría de Bilbao en los años 70 y 80 entre nubes de humo, trabajadores con la cara tapada, cargas policiales, tirachinas con tornillos, cortes en las líneas de tren de Cercanías, pintadas, gritos reivindicando mantener los puestos de trabajo y la vigencia de la siderurgia, los astilleros y su industria auxiliar o la minería, en la base de la economía española. E igual se repetía en Vigo. O Gijón. También en Cádiz.

Lo recuerda Antonio Rivera, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad del País Vasco: “El País Vasco, junto con Catalunya, Madrid o Asturias, por su concentración industrial y tener una clase obrera históricamente más organizada, ha sido uno de los lugares donde más protagonismo ha tenido la movilización social, y ya desde la segunda mitad del franquismo, o durante el tardofranquismo y a lo largo de los años de la actual democracia. Ahora ha vuelto a sorprender con la gran asistencia a manifestaciones de jubilados y de pensionistas”.

Hoy Euskadi tiene una de las rentas per cápita más altas de España, y se ubica al otro extremo de por ejemplo Andalucía o Extremadura. En cambio, ello no le ha hecho ‘moderar’ su ruidoso protagonismo y éste se ha amoldado a las demandas del actual siglo XXI. La última, por la revalorización de las pensiones. Con ella, poner en valor el papel de la mujer. Todas ellas reuniendo a miles de personas en un mapa que sigue muy de cerca la senda de las zonas industriales y protestas que ayer ocupaban las calles defendiendo sus puestos de trabajo.



“Los desposeídos no son los que más se asocian y se movilizan, sino la clase media”, resume José Manuel Lasierra, profesor titular de Economía Aplicada de la Universidad de Zaragoza y actual presidente del Consejo Económico y Social de Aragón. Una “élite”, según cita, de entre los trabajadores de toda España que se beneficia de lo que Eduardo Rojo Torrecilla, catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Universitat Autònoma de Barcelona, detalla con, “de una parte, haber tenido un potente movimiento sindical y una estructura productiva que en el País Vasco consiguió durante años dar estabilidad al empleo (una gran mayoría eran trabajadores con contratos indefinidos) y buenos sueldos; de otra, aunque haya cambiado parcialmente esta estructura, los trabajadores luchadores de los años 80 son ahora los pensionistas luchadores de la segunda década del siglo XXI, que reivindican –con la misma fuerza y empuje de cuando eran trabajadores por cuenta ajena– pensiones de una cuantía que tenga una relación real con sus anteriores salarios. Además, siguen contando tras ellos, o junto a ellos, con un movimiento sindical de los más potentes en toda España”.

Y así lo reflejan los datos.

Los desposeídos no son los que más se asocian y se movilizan, sino la clase media

José Manuel Lasierra

Profesor titular de Economía Aplicada de la Universidad de Zaragoza y presidente del Consejo Económico y Social de Aragón

Euskadi es la Comunidad Autónoma con la segunda renta per cápita más alta de España. También una zona donde se concentran las movilizaciones y las protestas. A su vez, de los lugares donde más intensa es la afiliación sindical –y cuando el mapa de sindicalización se solapa con las zonas en las que históricamente se ha concentrado la industria en España. En particular, siguiendo las costas. Sobre todo en el cantábrico. Mientras en el sur decae, como igual (sorprendentemente) pasa en zonas de gran relevancia económica como Catalunya y Madrid (como su densidad demográfica lo atestigua; también por ser polo de atracción de inmigración interna o internacional, ayer como hoy).

Los datos de la última Encuesta de Condiciones de Vida (de 2010, pues el Gobierno eliminó desde entonces la pregunta) da una sindicalización media para España de cerca del 17% del total de trabajadores. En el País Vasco ronda el 22%. Aún es superior en Asturias, o Galicia y Cantabria.



Y todo ello se une, a su vez, y como nos recuerda Santos Ruesga, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad Autónoma de Madrid, con que “las zonas urbanas industriales tienen pensiones más altas”.

Pero también él nos aclara que, en términos agregados, el País Vasco hoy es una economía de servicios como el resto de las Comunidades en la que como mucho la industria conserva “algo más” de relevancia, pero poco más. Además, igual de industrial era Vigo, que vivió una paralela y “quizás no tan exitosa” reconversión industrial y hoy apenas ve las protestas que sí acoge Bilbao. O en zonas de Cádiz, donde tampoco se dan, “aunque podían haber ocurrido”. Y tampoco pasa en otras zonas industriales y fuertemente sindicalizadas como pueda ser Asturias, por ejemplo, donde la minería lleva tiempo en declive. Ni en Catalunya y Madrid, sea por magnitud o continuidad.

Por eso que, más allá del pasado industrial, o por mayor afiliación sindical, los expertos destaquen al unísono la amplitud y variedad sindical vasca, con un fuerte componente autonomista-nacionalista de la mano de ELA-STV y LAB a la vez de la presencia de las centrales estatales UGT y CC.OO. en un territorio con movilización constante desde hace décadas, ya sea por cuestiones socioeconómicas que políticas.

Pero en Catalunya o Galicia también hay sindicatos nacionalistas, aunque –en general– tienen una presencia escasa y muy minoritaria. Y por eso que otros analistas se fijen sobre todo en lo que analiza Lasierra: en un entorno industrial hay más posibilidades de movilizarse y de formar grupo porque la temporalidad tiende a ser más alta en el sector servicios que en la industria y por eso la facilidad en esta última de generar una conciencia de grupo. Y en el País Vasco, además, la protagonista lo es la industria no ligera, la máquina y herramienta, no tanto el calzado o la juguetería como en otras partes de España.

Los trabajadores luchadores de los años 80 son ahora los pensionistas luchadores de la segunda década del siglo XXI

Eduardo Rojo Torrecilla

Catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Universitat Autònoma de Barcelona

Parecido se expresa Luis Bouza, profesor contratado de Ciencia Política en la Universidad Autónoma de Madrid: “Entre las razones estructurales están la [alta] renta y tradición de organización sindical. Y en general sabemos que las zonas de este tipo suelen presentar un mayor nivel de asociacionismo y redes de solidaridad –lo que algunos llaman capital social– que se pueden activar ante las movilizaciones. También las movilizaciones del pasado dejan un repertorio de acción colectiva que se puede recuperar con cierto éxito. Sin embargo, todo esto solo son condiciones que facilitan la movilización. Aunque es llamativo, porque, en general, es más difícil movilizar a la gente para defender todas las pensiones que para demandar algo que beneficia a un grupo concreto”.

Rivera, por eso mismo, recuerda que los jubilados vascos tienen más experiencia en la relación causa-efecto entre la movilización y el logro de mejoras sociales, y por eso son conscientes de la renovada necesidad de movilizarse para mantener y mejorar esos logros. “En otras regiones menos movilizadas históricamente se tiene una mirada más ‘fatal’, más inclinada a pensar que las mejoras sociales son dádivas que vienen ‘de arriba’ en lugar de pensar que son consecuencias de la presión ‘de los de abajo’”, concluye.

Las zonas urbanas industriales tienen pensiones más altas

Santos Ruesga

Catedrático de Economía Aplicada de la Universidad Autónoma de Madrid

En Bilbao se unen pensionistas, mujeres y jóvenes. Y en sus protestas ellos mismos destacan la coordinación unitaria, sin exclusiones, de la mano sindicatos, asociaciones y un largo etcétera pero sin apropiarse ninguno de ellas en exclusiva. Ante lo que Pere J. Beneyto, profesor titular de Sociología de la Universitat de València, añade: “En el País Vasco hay más redes asociativas y comunitarias: de sindicatos, partidos, pero también gastronómicas, etc. Su mayor densidad es un hecho. Se ha mantenido con fuerza una solidaridad primaria. Y por eso también la intergeneracional más que en otras partes del país. Además de que el tamaño importa y ser un territorio pequeño, con una red de ciudades medianas, refuerza vínculos”.

Es más, más allá del titular sobre el activismo vasco, todos los expertos se centran en la realidad de una mayor movilización y conflicto social centrado, sobre todo, en Bilbao y en las márgenes de su ría; mucho menos en el resto de Euskadi –y por ejemplo ponen a Gipuzkoa, territorio también industrial mucho menos movilizado. El área metropolitana de Bilbao –que no Bilbao, ciudad que apenas tiene unos 350.000 habitantes– protagoniza los titulares. Su red urbana, eso sí, concentra a cerca de la mitad de la población del País Vasco, sobre el millón de habitantes de los poco más de dos millones totales.

En otras regiones menos movilizadas históricamente se tiene una mirada más ‘fatal’, más inclinada a pensar que las mejoras sociales son dádivas que vienen ‘de arriba’ en lugar de pensar que son consecuencias de la presión ‘de los de abajo’

Antonio Rivera

Catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad del País Vasco

La consecuencia de todos estos factores se ve cada lunes en la pantalla de los televisores. Los pensionistas bilbaínos de hoy, los trabajadores industriales de ayer, una generación que hace más de 30 años protagonizaba las huelgas de la reconversión en siderurgias, astilleros y un largo etcétera, insisten en reclamar cambios y mejoras incluso tras el acuerdo presupuestario para el incremento de las pensiones entre el hasta hace poco gobernante Partido Popular y el Partido Nacionalista Vasco. Un conflicto en un sistema general español en el que la pensión máxima es como mucho cuatro veces la mínima y en donde los extrabajadores industriales y sus pasados salarios todavía marcan la senda entre los casi 10 millones de jubilados totales y una fuerza laboral que ronda los 18-19 millones.

“Hay una tradición de movilización en determinadas zonas industriales, además de que el País Vasco fue el eje del movimiento sindical en los años de la dictadura. A su vez corresponde con los trabajadores que de más renta han dispuesto. Y a ello se suma un mayor tejido asociativo. Así los que se movilizan no son los que tienen pensiones más bajas sino medio-altas”, resume por su parte Lasierra. Y como señala Rivera, “el éxito de las movilizaciones de los primeros días de este año ha servido de estimulante para mantener esos niveles en las posteriores. Algo muy parecido ha pasado con otros sectores, como las mujeres y sus movilizaciones en demanda de la igualdad de consideración con los varones”.

Las protestas ponen sobre la mesa la España plural. A menudo ésta también es la España al revés.

En el País Vasco se ha mantenido con fuerza una solidaridad primaria. Además el tamaño importa y ser un territorio pequeño, con una red de ciudades medianas, refuerza vínculos

Pere J. Beneyto

Profesor titular de Sociología de la Universitat de València


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