La empresa familiar defiende algo más que un negocio. Carga con un legado que debe perpetuar. Los valores, la cultura y la experiencia se transmiten de generación en generación, en un desafío que une el binomio empresa y familia.

Una responsabilidad no exenta de riesgos ni desafíos. La competencia, los impuestos o el alto coste energético son obstáculos a sortear para operar al máximo nivel. Así lo plasmaron los casos de Reig Jofre, Celsa y La Farga en uno de los paneles de la XXXIV Reunión del Cercle d’Economia.

Un modelo clave

“La empresa familiar es parte vital del tejido empresarial de Catalunya y España. Tiene un efecto multiplicador por tres sobre cada euro que genera”, exponía Francesc Rubiralta, tercera generación al frente de Celsa, siderúrgica con 4.000 millones de facturación. “Queremos más industria, más empresa”, lanzó.

Los casos de éxito llaman al optimismo. En la metalúrgica La Farga, Inka Guixà es tercera generación y directora general del negocio, de unos 1.000 millones. “La empresa es el elemento a proteger”, dijo. La puso en el centro de todo, magnificando el papel del legado. Por eso puso la defensa de la compañía y el traspaso del negocio a la siguiente generación como objetivos estratégicos.

Habló de una “necesidad de transmitir lo que somos”, sin arriesgar nunca el negocio. De hecho, en tiempos de dificultad planteó la posibilidad de “reinventarse”, adaptándose a las situaciones de crisis. Tiró de su propia vivencia, con el ejemplo de un negocio de tubos sanitarios que se hundió con la crisis y que se tuvo que reflotar con nuevas orientaciones. “Espíritu de emprendimiento”, dijo.

Los obstáculos que hay que sortear

Pese a los éxitos, las empresas coincidieron en la necesidad de competir en un marco común, sobre todo con la vista puesta en las realidades que se dan en otros países de Europa. El coste energético, las cargas impositivas o la dificultad de crecimiento son algunos de los obstáculos a los que se enfrentan las firmas.

Rubiralta lo resumió perfectamente. Planteó que en España la energía es mucho más cara que en otros países de la región; que falta potenciar infraestructuras clave como los puertos o el transporte ferroviario; y que el marco legal impide el salto de las pequeñas empresas al rango medio. “Parece que la empresa mediana española no existe”, dijo en este último caso.

“La clave está en el posicionamiento. Saber dónde estás y dónde se quiere ir. Y allí ser excelente”, completó Guixà. “Lo importante es que aciertes hacia donde lo llevas”, siguió.

La salida a bolsa como solución

Ignasi Biosca, consejero delegado de la farmacéutica Reig Jofre, casi centenaria y con 170 millones de facturación, planteó la salida a bolsa como una oportunidad de flexibilizar el negocio y sortear esas dificultades. “Me gustaría ver a otras compañías catalanas que tomaran esa decisión. Se cree que complica el día a día, pero simplemente es poner mucho orden en el departamento financiero”, dijo. Lo defendió como la mejor forma para crecer.

Defendió su postura afirmando que así se profesionaliza la gestión y se logra ganar tamaño con mayor facilidad, al poder desprenderse de acciones en el mercado para conseguir liquidez. Una forma de dejar de depender tanto de la financiación bancaria, expuso. “La mejor garantía para avanzar”, planteó, si bien confesó que “el tamaño no es crítico, pero ayuda a ser relevante”.


FUENTE