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En un barrio vulnerable del municipio de Mosquera, en el departamento de Nariño, vive Didier Silva con su abuela, en una pequeña casa de madera. Su corazón estuvo a punto de dejar de latir por los 400 kilos de sobrepeso que tenía. Pero en un maratónico rescate que incluyó grúas y helicóptero para poderlo trasladar a un centro médico, pudo mejorar un poco su calidad de vida.

Su abuela, quien lo ha criado desde su nacimiento, no se explica en qué momento su nieto llegó a pesar tanto. La señora de 85 años tuvo que irse adaptando a la vida de Didier, que nunca ha sido como la de las demás personas. Por las condiciones económicas de la familia, es bañado en la entrada de su casa, frente a la mirada de sus vecinos y transeúntes; pasa desnudo porque no tiene ropa que vestir; y juega con los demás niños del barrio sobre una carretilla que ellos mismos empujan.

Así es trasladado a cualquier parte de su barrio, o arrastrándose sobre sus rodillas, porque desde los 12 años no puede caminar a causa de una atrofia en sus piernas. Por su obesidad mórbida, Didier también padece de un gran número de enfermedades asociadas, como diabetes, hipertensión, apnea del sueño (trastorno respiratorio), linfedemas (inflamación de extremidades por obstrucción del sistema linfático), úlceras varicosas y unas dolorosas laceraciones en la piel que le causan infecciones.

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También tuvo anemia crónica, lo que podía ocasionar que su corazón dejara de latir. Pero además de estas patologías, el cuadro clínico del joven se agrava por sus problemas mentales. Sufre trastorno del aprendizaje, es consumidor compulsivo y “extremadamente agresivo”. Por eso, a principios de diciembre del año pasado la Fundación Gorditos de Corazón, con apoyo de la Fuerza Aérea Colombiana (FAC), iniciaron una maratónica “operación rescate” por la vida del joven.

Según la fundación, Didier requería “un tratamiento largo y complejo que implicaba un lugar adecuado en donde pueda residir y estar al cuidado permanente de profesionales y personal idóneo para estos casos”. Para lograrlo, la FAC, el Barco Hospital San Rafaella, el cuerpo de Bomberos de Nariño, paramédicos, psicólogos y voluntarios unieron esfuerzos.

“Fueron cinco meses de intenso trabajo profesional para lograr que bajara de peso y cambiar su calidad de vida. Él estaba cansado del encierro y quería volver a donde lo quieren y lo esperan con los brazos abiertos. Desde allí, la Fundación espera seguir apoyándolo a él y a su familia”, explicó Salvador Palacio, director de Gorditos de Corazón.

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Pero la nostalgia hizo regresar a casa a Didier con 50 kilos menos. Y su traslado de nuevo a Mosquera fue igual de complicado: después de una hora y media de viaje por carretera, con un montacargas pudieron subirlo a un helicóptero Black Hawk UH-60L del Comando Aéreo de Combate n.º 7 y lo doparon para que el regreso no fuera traumático.

A su llegada este lunes, sus amigos y familiares lo recibieron con aplausos y sonrisas, quienes esperan pronto verlo caminar, pues su sobrepeso todavía debe ser combatido.

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