La industria farmacéutica es una de las más grandes e importantes en Europa, como lo demuestra el ranking FT Europe 500, que en 2015 la situó en segundo lugar por valor de mercado.

Esta lista también muestra que, a pesar de ser uno de los sectores más importantes, hay una acumulación del poder en pocas compañías, concretamente en 17, siete de las cuales están en el Top 25 de las empresas con más valor de mercado.

Para poder determinar si la relación entre Europa y Farma es recíproca, debemos repasar el desarrollo histórico que ha sucedido entre ambas partes, y evaluar cuáles serán los retos para el futuro.

El origen del mercado de salud europeo se encuentra en Alemania en 1881, cuando Otto von Bismarck desarrolló e implementó un programa de seguridad social para los trabajadores con beneficios en prestación de servicios de salud y medicamentos.

Esto marca un antes y un después en la seguridad social y varios países europeos adoptaron rápidamente este modelo.

En 1942 se publica el Informe Beveridge, que desarrolló lo que hoy se conoce como el Estado del Bienestar, en donde los beneficios de salud (y otros) se extendieron a toda la población independientemente de su estado laboral; siendo también implementado en la mayoría de países europeos.

Estas políticas públicas generaron un mercado de salud con una demanda sostenida, siendo un incentivo eficaz para el desarrollo de la industria farmacéutica. Posteriormente, con el Tratado de Roma de 1957, se crea un mercado común, eliminando barreras de comercio para casi todos los productos y servicios.

Los Criterios de Adhesión (Copenhague, 1993) permiten además una estabilidad cuando nuevos países ingresan a la Comunidad Económica Europa, garantizando una economía de mercado en funcionamiento que pueda soportar las presiones de competencia, y la capacidad para asumir las obligaciones que se derivan de la adhesión.

Por último, la Estrategia de Lisboa de 2000 promueve Economía más próspera, dinámica y competitiva (innovación) con políticas que cubran las necesidades de la información y de la investigación y desarrollo, donde el sector de salud (más específicamente la industria farmacéutica) se beneficia en gran medida.

Son estas políticas dentro del marco europeo que ayudan a consolidar la industria farmacéutica en la segunda mitad del siglo XX.

Más específicamente, existen tres políticas en el marco de la Comunidad Económica Europea que han sido de gran provecho para Farma.

La primera es el “Reconocimiento mutuo”, que reduce las barreras técnicas de entrada de nuevos productos a la Comunidad Económica Europea, ya que un producto aprobado por un país asegura el cumplimento de los requisitos de eficacia y seguridad para la zona.

La segunda son las “Políticas de competencia” que determinan si las empresas se pueden fusionar y aseguran la competencia, una política cada vez más importante ante el crecimiento de fusiones entre las compañías farmacéuticas.

La tercera política son sobre “Investigación de vanguardia”, con recursos específicos, que para el periodo 2014-2020 superan los 77.000 millones de euros.

La farmacéutica es una de las industrias que más se beneficia de las inversiones de recursos para promover la investigación.

Aparte de las regulaciones que expanden el sector farmacéutico, Europa presenta una serie de incentivos para que ésta se pueda consolidar como una de las industrias más importantes de la zona. Aquí encontramos los contratos de exclusividad que promueven la transferencia de conocimiento entre compañías y los institutos académicos con financiamiento público; la demanda sostenida como incentivo hacia la innovación; las patentes que promueven innovación previa para crear monopolios posteriores; y los incentivos financieros o de mayor exclusividad para investigar las enfermedades huérfanas o raras.

Con todo esto que se ha expuesto podemos decir que no sólo existe una relación recíproca entre la industria farmacéutica y Europa, sino que es una relación necesaria. Mientras que la Unión Europea ha ayudado al desarrollo del farma, reduciendo la incertidumbre del sector y fortaleciendo el mercado único con la regulación que se le ha dado, ésta ha respondido con investigación en diversas condiciones médicas, obteniendo positivos desenlaces en salud e incluso afectando positivamente la expectativa de vida.

La inversión en Investigación y Desarrollo para obtener productos con eficacia y seguridad ha sido liderada por la industria farmacéutica, mientras el gobierno y su población disfruta de los productos obtenidos.

Sin embargo, para obtener una sostenibilidad hacia el futuro, ambas partes deben consensuar en el desarrollo de políticas de evaluación de medicamentos y de precios que permitan una sostenibilidad financiera del sistema de salud y que permita una continuidad de los beneficios adquiridos por la población. Solo así, la industria también podrá continuar su inversión en desarrollo de nuevos medicamentos.

Andrés Villegas es profesor del Máster en Marketing Farmacéutico de la UPF Barcelona School of Management, y trabaja para ACEMI (gremio de las aseguradoras en salud para Colombia) como asesor senior en salud.


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