Hoy el Gobierno juega su futuro atrapado en un ahorismo rutilante. Futuro que, gracias a un peronismo que no responde a ningún RCP, no se le muestra hostil. El gran problema sigue siendo la economía. Algunos sostienen, y con parte importante de razón, que es la inflación. Sí, hoy lo es. Pero es la clara consecuencia de malas políticas. ¿Y cuál es la primera evidencia de la equivocación? Que no se generó trabajo. Entonces se debió recurrir a planes sociales o al Estado como gran empleador. Esta falta de pensar un país como sí lo hicieron Sarmiento, Perón o Frondizi en mezquina e injusta síntesis lleva a este hoy tan pobre e incierto.

El Año Nuevo encontró al Presidente con una caída en la ponderación de su imagen y mostrando que con ella también cayeron las expectativas sobre un 2018 mejor. Muchos que así lo creían, entre los cuales se encuentran, según los estudios realizados, votantes de Cambiemos, también dejaron de pensarlo. Diciembre concitó para el presidente Mauricio Macri su consolidación política, pero, paradójicamente, al mismo tiempo, una merma de su capital político. Sin respirar, el Gobierno dio a conocer los aumentos de tarifas y, a su vez, decidió, como en tantas otras situaciones, desdecirse y tomar otros caminos.

En este caso, la independencia del Banco Central voló por los aires y con ella el protagonismo de las medidas monetaristas de Federico Sturzenegger. Según un periodista, el presidente Macri es absolutamente consciente de las consecuencias de su accionar. Cuenta que explicó a sus colaboradores que él (Macri) vino a hacer las cosas de una determinada manera y seguirá adelante porque está convencido de lo que hace. “No vine a conservar el capital político que logré en las elecciones. Lo voy a usar para empujar las reformas. Yo estoy para pagar los costos. Me toca ser antipático, no me gusta, pero es lo que la Argentina necesita”. El Presidente parece decidido a realizar lo que él considera que es el trabajo sucio heredado del kirchnerismo para que tal vez María Eugenia Vidal gobierne sobre otra realidad.

La imagen de un dirigente puede ser un tema que no termine traduciéndose en votos. El problema es, y aquí sí se traduce en votos, la cuestión de las expectativas sobre estar mejor. Se vota a un candidato que el electorado interpreta que lo llevará a estar mejor que lo que está. El tema previsional obtuvo el mayor rechazo social que el Gobierno haya experimentado hasta hoy y, por ende, caída de su imagen. Indudablemente pudo mucho más la convicción de blindar y posibilitar un despegue político a la gobernadora bonaerense Vidal que el costo personal. Aún Vidal no ha explicado cuál será su plan de acción transformador para la provincia de Buenos Aires con los 65 mil millones que recibirá producto del recorte y el empobrecimiento de los jubilados.

Hugo Haime recordaba que Macri ha ganado tanto el ballotage como las intermedias de octubre con la política y no con la economía. Sucede que la situación se le complica al Presidente, porque mucho más se complica el bolsillo de los ciudadanos producto de la inflación, de no poder acceder a un empleo genuino, de la pérdida de empleo, de aumentos de tarifas y de la excesiva tributación, especialmente la más regresiva, el IVA.

Decía que la situación económica se complica para el Gobierno. Por un lado, porque no resulta tan fácil endeudarse como en el 2017 y, por otro lado, es probable que quienes apostaron a las Lebacs terminen refugiándose en el dólar. Dentro de los riesgos, también está la inflación, que en enero podría cerrar más cercana del 4% que del 3% y que, por una cuestión muy argentina, la inflación de expectativas pudiese extenderse a gran parte del año. Sobre esto último es probable que la modorra estival presidencial pueda ser sacudida por este ingrediente: inflación de expectativas.

Por ahora, y gracias al esfuerzo político del Presidente con destino a la gobernadora Vidal, posible candidata de Cambiemos a la presidencia, pareciese que el blindaje mediático, más el blindaje político de Macri, alcanzaría para su resguardo político. Ahora bien, si las políticas económicas siguen a contramano del bienestar mayoritario de la gente, esto último podría alterarse.

El peronismo históricamente ha dirimido sus problemas en los veranos. Es decir, lo que no arregla en el período estival no lo soluciona durante el año. Si bien recién pasaron los Reyes, no se ve que hayan dejado en los zapatitos del Partido Justicialista nada concreto ni mostrable. Por ahora coqueteos, fotos, rumores. Todo mucho más mediático que político.

Increíblemente en la Argentina del 2018 el Gobierno sigue viviendo de los casos de corrupción del kirchnerismo. Y el peronismo no se encuentra aún para imaginarse alternativa.

Fuente: El año del Gobierno empieza con problemas en la economía y el capital político