La historia se repite cada 10 o 15 años. Un presidente estadounidense decide implementar una fuerte expansión fiscal. La Reserva Federal responde subiendo los tipos de interés. Se aprecia el dólar. Los inversores internacionales –grandes bancos multinacionales, y fondos de inversión– descubren que pueden obtener buenas rentabilidades en el mercado de los bonos del tesoro estadounidense, un activo de muy bajo riesgo , y reconfiguran sus carteras de inversión.

La consecuencia es una fuga de capitales de las economías emergentes que obliga a sus respectivos bancos centrales a subir los tipos de interés para frenar la salida y evitar la depreciación de la divisa y la inflación. El resultado: recesión y/o crisis financiera.





Los países americanos temen una década perdida después de un lustro de recesión por las materias primas

En América Latina, más susceptible que ninguna otra región a los cambios de la política monetaria en EE.UU., ya se palpa la zozobra en empresas endeudadas en dólares y gobiernos con elevados niveles de deuda y crecimiento raquítico. “Un dólar mas fuerte reducirá los flujos de capitales hacia la región conforme las subidas de tipos en EE.UU. hagan que los activos latinoamericanos sean menos atractivos”, advierte la agencia Moody’s .

Tras una recesión provocada por la caída de precio de las materias primas, una nueva fase de subidas de tipos de interés amenaza con convertir el lustro de estancamiento en otra década perdida.

Argentina se ha visto forzada a pedir ayuda al FMI –una línea de crédito por 50.000 millones de dólares– tras una depreciación descontrolada de su divisa. Los tipos de interés ya rebasan el 40%, y los economistas de Goldman Sachs indican que la crisis “dejará secuelas financieras a largo plazo”, forzando a elevados tipos de interés durante un periodo largo. El rescate del FMI resolverá el problema de financiación a corto plazo, pero a medio plazo los tipos de interés estratosféricos y el ajuste fiscal pactado elevarán el riesgo de un rebelión política. Suele ocurrir.

Bolivia y Colombia se consideran vulnerables debido a sus déficits externos





Bolivia y Colombia se consideran vulnerables debido a sus déficits externos. Bolivia registra un déficit por cuenta corriente equivalente al 5,8% del PIB, y Colombia, del 2,6% del PIB. Si empiezan a escasear los capitales debido a subidas de los tipos y del dólar en EE.UU., ambos países pueden tener problemas. Así mismo, Chile es muy susceptible a las subidas de tipos de interés de la Fed, aunque su recuperación es más fuerte que otros países (crecerá el 4% este año según la última previsión de Goldman Sachs). México se ve amenazado no sólo por las subidas de tipos de la Fed, que se trasmiten directamente a su sistema monetario, y la caída del peso frente al dólar sino también por el proteccionismo de la Casa Blanca.

Pero Brasil, el gigante latinoamericano, es el país en el que se percibe más claramente el daño que pueden provocar los cambios de política monetaria en Washington y la reacción de los fondos y los bancos internacionales.

Brasil llama la atención siempre por sus elevadísimos tipos de interés, los más altos del mundo salvo algunos países muy pobres. Durante el último ciclo de ajustes, el banco central subió los tipos hasta el 14,25% en el 2016, un nivel estratosférico dados los tipos casi cero en las economías avanzadas. El draconiano ajuste monetario provocó la recesión más grave de la historia, pero, al menos, la inflación bajó al 3,5%.Tras la caída forzada de la presidenta de izquierdas Dilma Rousseff, el banco central dio un giro de 180 grados y bajó los tipos hasta el 6,5%. El estímulo, según se esperaba, ayudaría a Michel Temer a abonar el terreno para un gobierno dispuesto a implementar reformas liberales una vez celebradas las elecciones del octubre del 2018.





Pero no ha sido así. La recuperación económica ha resultado muy débil, y el Gobierno de Temer es el menos popular de la historia. La deuda en relación con el PIB brasileño va subiendo hacia el 90%, un ”nivel muy elevado para un mercado emergente”, según advirtió Vitor Gaspar, del FMI. Y ahora, con la subida del dólar hasta casi cuatro reales (en el 2010 estaba en 1,6), empiezan a saltar las alarmas otra vez. La Bolsa de São Paulo se desplomó la semana pasada conforme los inversores se dieron cuenta de que, pese al bajo crecimiento de la economía, el ciclo bajista de los tipos ha terminado.

Tras las devastadoras fugas de capitales que provocaron la crisis en Argentina y las subidas drásticas de los tipos de interés en Turquía, el mes pasado, “Brasil será el próximo en sufrir el impacto disruptivo”, advirtió Mohamed el Erian, exdirector de Pimco. El banco central aún no ha subido tipos –prefiere utilizar sus reservas para comprar reales en el mercado–, pero ya ha bajado la previsión de crecimiento económica este año a sólo el 1,5%. Las huelgas de camioneros contra las subidas del precio de la gasolina pueden haber bajado aún más las expectativas de crecimiento. “No hay problema de solvencia, pero la deuda mata el crecimiento económico”, dijo Paule Leme, expresidente de Goldman Sachs en América Latina, durante una entrevista mantenida en São Paulo el mes pasado.





Pero esto puede ser demasiado optimista. Si el banco central se ve forzado a subir tipos para frenar una salida de capitales, aumentará el ya astronómico coste de financiar la deuda. Brasil pagó el 8% de su PIB en costes de intereses sobre la deuda en el 2016 –el pico del ciclo de tipos de interés– sólo para financiar su deuda en los mercados. Desde entonces, esta enorme transferencia de recursos púbicos a los inversores en deuda, principalmente bancos, ha bajado. Pero volverá a subir si Brasil se ve forzado a combatir una fuga de capitales con subidas de tipos.

Por si fuera poco, todo indica que los bancos privados en Brasil subirán todavía más los intereses que cobran a empresas y consumidores. “El aumento del coste del crédito para familias y empresas puede ser bastante más grande que el aumento del tipo del banco central”, advierte Adam Sadler, el economista especializado en mercados emergente de Oxford Economics en Inglaterra. Esto ya se comprobó en Brasil cuando los spreads –la diferencia entre los tipos que pagan los bancos privados en el mercado interbancario y lo que cobran a sus clientes– se dispararon de 18 puntos a 41 puntos entre el 2013 y el 2016. Este aumento de spreads en tiempos de crisis “es extraordinariamente dañino para la actividad económica”, dice Sadler, que cree que Brasil, Chile y Turquía son los países mas expuestos al nuevo ciclo alcista de tipos en EE.UU.





Los bancos privados siempre suben tipos más que el banco central y cuando este baja el precio del dinero los bancos lo bajan menos. Es su manera de garantizar un buen margen de beneficios cualquiera que sea la coyuntura. El Santander, por ejemplo, registró una subida de beneficios del 54,65% en Brasil en el 2017-2018 y ahora saca el 27% de sus beneficios mundial del gigante sudamericano. “Tenemos un escenario de poco crédito y tipos altos; incluso con el crédito estancado desde hace tres años y una economía pésima, los beneficios de los bancos han crecido”, dijo Luis Miguel Santacreu, de Austin Ratings en São Paulo. Tras sacar beneficios en la recesión, los bancos privados son los que protagonizan la fuga de capitales desde Brasil y otros países para rentabilizar los tipos en Estados Unidos.






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