Con la victoria de Philadelphia Eagles, el último campeón, ante Atlanta Falcons, comenzó el jueves pasado una nueva temporada de la NFL. El inicio llegó después de una pretemporada en la que, otra vez, la polémica fueron las protestas de los jugadores por la violencia policial contra la comunidad afroamericana. Y si bien los primeros días transcurrieron sin novedades, este domingo dos jugadores de Miami Dolphins quebraron la quietud y desafiaron a los propietarios de las franquicias y al mismísimo Donald Trump.

A pesar de las advertencias del presidente de los Estados Unidos, Kenny Stills y Albert Wilson posaron una rodilla en el suelo durante la ejecución del himno nacional, antes del primer partido de la campaña para los Dolphins, que terminó con un triunfo por 27 a 20 ante Tennessee Titans.

A su modo, los siguió su compañero Robert Quinn, que levantó uno de sus puños mientras sonaba “The Star-Spangled Banner”, en un gesto del Black Power popularizado en México 1968 por los atletas Tommie Smith y John Carlos.

Esta forma de protesta nació a mediados de 2016, cuando Colin Kaepernick, de San Francisco 49ers, se negó a mantenerse parado durante el himno nacional. Lo hizo como muestra de adhesión al movimiento Black Lives Matter, que entonces criticaba la violencia policial contra la población afroamericana.

Kaepernick, que se encuentra sin equipo desde marzo de 2017, saludó a los jugadores de los Dolphins luego del partido: “¡Mis hermanos Stills y Wilson siguen mostrando su fuerza inquebrantable al luchar por los oprimidos! No han dado un paso atrás, incluso después de que los atacaran e intimidaran. Su coraje moverá el mundo adelante. ¡El amor está en las raíces de nuestra resistencia!”.

Robert Quinn (94) eleva uno de sus puños mientras suena el himno estadounidense. (Mark Brown/Getty Images/AFP)

Robert Quinn (94) eleva uno de sus puños mientras suena el himno estadounidense. (Mark Brown/Getty Images/AFP)

El ex mariscal de campo se convirtió en un icono socialprotagonizó, junto a otras estrellas del deporte, un comercial de Nike que despertó el rechazo de los sectores vinculados a la administración Trump.

Es que el presidente se mostró muy crítico con las protestas, incluso antes de llegar a la Casa Blanca. “Es algo terrible, tal vez deba encontrar un nuevo país que funcione mejor para él. Que pruebe, no va a suceder”, disparó quien por entonces peleaba por la presidencia.

Su furia continuó después de asumir el máximo cargo estadounidense. Desde allí presionó a los propietarios de las franquicias para que castigaran a aquellos jugadores que se expresaran en contra de los símbolos nacionales.

Sus reclamos parecieron surtir efecto, ya que en mayo pasado la liga anunció que sancionará a las franquicias cuyos representantes posaran sus rodillas en el suelo durante la ejecución del himno. Rápidamente, en aquellos días, del otro lado calificaron como ilegales esas penalidades.

Colin Kaepernick, icono de la lucha en la NFL y una de las caras de la nueva campaña de Nike. (Angela Weiss / AFP)

Colin Kaepernick, icono de la lucha en la NFL y una de las caras de la nueva campaña de Nike. (Angela Weiss / AFP)

El único pronunciamiento de Trump sobre la NFL ocurrió unas horas antes del primer partido de los Dolphins, que sufrió dos suspensiones por tormentas. “Wow, los ratings de los primeros partidos de la liga son muy bajos en comparación con una última temporada que ya había sido mala. Los televidentes bajaron un 13%, la mayor caída en una década”, empezó el mensaje en Twitter, uno de sus canales predilectos para presionar sobre la opinión pública.

“Si los jugadores se pararan con orgullo por nuestra bandera y por nuestro himno, y todo se mostrara en las transmisiones, ¿tal vez los buenos ratings podrían volver? ¡De otra manera será peor!”, completó su breve comunicado, un rato antes de que Stills y Wilson pusieran la cabeza gacha, una rodilla en el piso y sus reivindicaciones en alto.


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