El lema de la Semana Mundial del Parto Respetado 2018 es “Menos interferencias, más acompañamiento”(Getty)

Dios le dijo a Eva: “Con dolor parirás a tus hijos”. Pasaron millones de años. Nuestras abuelas y bisabuelas morían pariendo a sus hijos en sus casas, sin ningún tipo de atención médica y expuestas a todo tipo de pestes de la época. Pasaron los años. Las hijas de nuestras abuelas -nuestras madres- tuvieron el “privilegio” de ver llegar a sus hijos al mundo en un centro de salud y no morir en el intento. Impiadosos, los años no dejan de transcurrir, y pese a que la medicina avanzó a pasos agigantados, las mujeres parecen no librarse de aquel “mandato divino”.

Y siguen pariendo con dolor. Pero hoy es otra la dolencia que las aqueja. Para la que así lo quiera (siempre y cuando la clínica o el hospital así lo disponga) existe la anestesia que le aliviará las temidas contracciones. Hoy es diferente el tormento: las mujeres se convierten en madres rodeadas de desconocidos que entran y salen, en ambientes nada amenos, en una posición que no les facilita el esfuerzo, con alguien que les dice cuánto sus cuerpos tendrán que dilatarse en determinado período de tiempo, con enemas, rasurado púbico, episiotomía y demás prácticas nada amables -y menos aún recomendadas-.

Todo, con una Organización Mundial de la Salud (OMS) que asegura que los aproximadamente 140 millones de nacimientos que ocurren a nivel mundial cada año se dan en mujeres que no presentan factores de riesgo de tener complicaciones para ellas ni para sus bebés. Y en una Argentina con 728.035 mil partos anuales (según los últimos registros del Ministerio de Salud de 2016) y una ley de parto humanizado, que promueve la atención del parto caracterizada por el respeto a los derechos de la madre, del padre y del bebé recién nacido, y cuya vigencia tiene lugar en el ámbito tanto público como privado de la salud de todo el país.

Pero como dirían las abuelas, para seguir teniéndolas presentes, “del dicho al hecho, hay mucho trecho”.

A pesar de los importantes debates e investigaciones que se desarrollaron durante muchos años, el concepto de normalidad en el trabajo de parto y el parto no es universal ni está estandarizado

El lema de la Semana Mundial del Parto Respetado, que termina hoy, es precisamente “Menos interferencias, más acompañamiento”. Y con él coincidió la médica tocoginecóloga María Julia Cuetos (MN 67850), coordinadora del área de obstetricia y ginecología de la Dirección Nacional de Maternidad, Infancia y Adolescencia del Ministerio de Salud.

En la Argentina, la Ley 25.929 de parto humanizado está vigente desde 2004 (Getty)

Consultada por Infobae, la experta resaltó que “se debe enmarcar el parto en una modalidad donde madre y bebé sean protagonistas, respetando la particularidad de cada familia”. Y tras considerar que “el equipo de salud tiene que informar sobre las cuestiones que pueden ser necesarias realizar, como anestesia, episiotomía, etc., para que la decisión final siempre sea de la mujer, sobre la base de la información”, la funcionaria reflexionó sobre alguna de las posibles causas que llevan a que cueste tanto que se implemente la ley: “Una institución de salud atiende por lo general a personas enfermas, a excepción de los partos, que es la única situación, cuando se trata de un embarazo sin riesgos, en la que no se atiende a pacientes con problemas de salud. Pasamos a ‘patologizar’ algo que no es patológico“.

Cuetos aventuró que se debe lograr el equilibrio entre los derechos y la seguridad y no dudó al esbozar el lineamiento que sostienen desde el ministerio en este sentido: “El parto tiene que ser institucionalizado; respetado, pero nunca domiciliario. El único lugar donde se pueden conseguir seguridad y derechos es en un centro de salud”.

Se debe enmarcar el parto en una modalidad donde madre y bebé sean protagonistas, respetando la particularidad de cada familia

Aunque admitió que “el sistema de salud tiene una cultura que cuesta trabajo cambiar. Hay que trabajar con los equipos constituidos y con los profesionales en formación, pero fundamentalmente empoderar a las mujeres para que sepan reconocer sus derechos y poder reclamarlos“, sostuvo.

En la misma línea se manifestó la médica neonatóloga Diana Fariña (MN 62121), directora nacional de Maternidad, Infancia y Adolescencia de la cartera sanitaria, quien tras considerar que “es clave que se visualice el derecho que tienen las mujeres”, reconoció: “En la Argentina es una asignatura pendiente, nos queda un largo camino por recorrer. Hay más conciencia pero hay un camino a seguir; creo que estamos mejor, pero, como todo cambio profundo, lleva su tiempo“.

Se debe promover el contacto con la madre y la lactancia materna desde la primera hora de vida (Shutterstock)

“La meta es lograr que los partos sean lo más acompañados y menos cesaristas posible, pero de ninguna manera fuera de una institución médica -insistió-. Tenemos claro que el camino es que todos los que estén en la sala de parto conozcan el derecho y lo defiendan”.

Para ella, “el rol de las obstétricas es fundamental y es a través de ellas como va a lograrse que se cumpla la ley. Durante muchos años la sala de parto estaba cerrada, es un cambio de paradigma el que tiene que darse, y creemos que el único camino es que todos -obstétricas, obstetras y neonatólogos- conozcan y defiendan este derecho y sean vehículos y militantes de esta cuestión”, resumió.

“Hace 10 años era impensado que en el sector oficial la mujer fuera acompañada a la sala de parto, y hoy más del 50% de los nacimientos son acompañados”, manifestó Fariña. Es todo un logro, pero falta mucho más.

Qué dice la OMS

La OMS emitió recomendaciones para una experiencia de parto positiva

El organismo define una experiencia de parto positiva como la experiencia que cumple o supera las creencias y expectativas personales y socioculturales previas de la mujer.

Esto incluye dar a luz a un bebé sano en un ambiente seguro desde el punto de vista clínico y psicológico y contar con apoyo práctico y emocional continuo, es decir, estar acompañada en el momento del nacimiento y ser asistida por personal amable y con competencias técnicas adecuadas. Se basa en la premisa de que la mayoría de las mujeres desean
tener un trabajo de parto y nacimiento fisiológicos y alcanzar un sentido de logro y control personales a través de la participación en la toma de decisiones, inclusive cuando se requieren o desean intervenciones médicas.

En su punto número uno de recomendaciones, la OMS indica la atención respetuosa de la maternidad

En su guía actualizada, la organización emitió su resumen de recomendaciones para los cuidados durante el parto para una experiencia de parto positiva, en el que enumeró 56 ítems, de los cuales 26 son recomendaciones nuevas y 30 fueron incorporadas a partir de las guías existentes del organismo.

Para comenzar, el punto número uno aclara -como si fuera necesario aclararlo- que “se recomienda la atención respetuosa de la maternidad, la cual remite a la atención organizada y proporcionada a todas las mujeres de manera que mantenga su dignidad, privacidad y confidencialidad, asegure la integridad física y el trato adecuado y permita tomar una decisión informada y recibir apoyo continuo durante el trabajo de parto y el parto”.

Para las mujeres con bajo riesgo que así lo deseen, se recomienda la ingesta de líquidos y alimentos durante el trabajo de parto, así como es esperable que se las aliente a moverse, siempre que ellas quieran hacerlo.

Se recomienda alentar la adopción de una posición para dar a luz que sea de elección de la mujer (Getty)

Contra uno de los motivos más frecuentes de cesáreas innecesarias, que es la falta de dilatación, los expertos internacionales fijaron que “se debe informar a las mujeres que no se estableció una duración estándar de la fase latente del período de dilatación y que puede variar ampliamente de una mujer a otra. Sin embargo, a partir de los 5 centímetros hasta la dilatación total del cuello uterino generalmente no excede las 12 horas en los primeros partos y, normalmente, las 10 horas en los partos subsecuentes”.

Asimismo, “se recomienda alentar la adopción de una posición para dar a luz que sea de elección de la mujer, inclusive las posiciones erguidas, así como asistirla en el período expulsivo para que sigan su propia necesidad de pujar”.

La anestesia peridural está recomendada para las embarazadas sanas que solicitan alivio del dolor durante el trabajo de parto

Entre las incorporaciones nuevas más destacadas, y en línea con el lema de este año, figuran las relacionadas al manejo del dolor. “Se recomienda la anestesia peridural para embarazadas sanas que solicitan alivio del dolor durante el trabajo de parto, dependiendo de las preferencias de la mujer”, destaca el documento, que incluso recomienda el uso de técnicas de relajación, como respiración, música, meditación atención plena (mindfulness) o manuales, como masajes o aplicación de compresas tibias para embarazadas sanas que solicitan alivio del dolor durante el trabajo de parto, dependiendo de las preferencias de la mujer”.

En el mismo sentido, “no se recomienda el uso ampliado o de rutina de la episiotomía en mujeres que presentan un parto vaginal espontáneo”.

Dos historias en primera persona

La OMS promueve que se aliente y asista a las mujeres para que sigan su propia necesidad de pujar (Getty)

Marina tiene 28 años y luego de una cesárea con inducción en la semana 41 de gestación con su primer hijo Lorenzo, se había propuesto lograr un parto vaginal después de cesárea (PVDC) en su segundo embarazo. “Había decretado que este trabajo de parto se desencadenaría en casa, de forma espontánea -comenzó a contar a Infobae-. Fue así que en la semana 41.3 comencé a las 7 de la mañana con unas contracciones que eran distintas, que me avisaban que algo estaba por pasar”.

“Me levanté, las comencé a anotar, hasta que decidí avisar a mi marido y a mi doula que vengan porque la cosa venía intensa”, recordó. Y luego de organizar la logística con su hijo mayor, y ya con marido y doula en casa, comenzó un trabajo de parto que Marina jamás había imaginado. “Noelia (Schulz, quien, entre otras ocupaciones, tiene la tarea de acompañar a las familias durante el embarazo y la llegada de esa nueva vida al hogar) llegó y, súper proactiva como es ella, sacó sus esencias, elementos y se puso a trabajar. ¡Cómo aliviaban sus masajes!”, describió Marina, quien recordó que en un momento quiso ir a la clínica y fue la doula quien le habló de lo inigualable del confort de la casa y la animó a esperar un rato más.

Cuando las contracciones fueron cada vez más intensas, a las 12 del mediodía, emprendió camino al sanatorio. Llegó con ocho centímetros de dilatación, pero pese a eso, al ser llevada a la sala de parto le administraron oxitocina (una hormona que tiene la propiedad de provocar contracciones uterinas) y le hicieron la maniobra de Kristeller, que consiste en la presión del fondo del útero, ambas intervenciones desaconsejadas por la OMS.

Luego de una cesárea con inducción en la semana 41 de gestación con su primer hijo, Marina se había propuesto lograr un PVDC en su segundo embarazo

Con dilatación completa y en posición acostada, los profesionales que la atendían le pidieron pujos dirigidos (otra práctica no recomendada por el organismo internacional, que asegura que “se debe alentar y asistir a las mujeres para que sigan su propia necesidad de pujar”). En ese contexto, “como el bebé no bajaba”, la llevaron al quirófano y tuvo su segunda cesárea innecesaria.

Lucila tiene 34 años y para ella “parir fue muchas cosas”. “Fue ‘bien-venir’ a mi hijo, verlo, agarrarlo, poder mirarlo y besarlo. Fue sentirme que podía dar vida, una sensación de empoderamiento sin igual. Fue resistir el dolor y el cansancio durante 20 horas. Fue temer todo el tiempo, por mi vida y la de mi hijo. Fue reencontrarme con mi pareja, empezar de cero un amor distinto, ahora desde en un lugar absolutamente desconocido para ambos que era, nada más y nada menos, que el de nuestra nueva familia. Y en medio de todo este tsunami de emociones y sensaciones, fue también la odisea de lidiar con una horda de obstetras, parteros, enfermeros y anestesistas, lobotomizados para defender un modelo de asistencia a la parturienta que dista mucho de lo que una mujer de parto necesita casi instintivamente: contención y respeto a su derecho a parir en paz y como quiera”. Así, sin pelos en la lengua, la mujer contó su experiencia a Infobae.

Muchas de las cesáreas que se realizan podrían evitarse si se respetaran los tiempos de la mujer durante el trabajo de parto (Getty)

“No necesitamos nada extravagante -reforzó-. Pero para la soberbia médica, que arrasa hasta con la ley nacional de parto humanizado, esto no es más que un capricho de hippies con prepaga que se les ocurre investigar qué van a hacer con su vida y las de sus cachorros. Y así me trataron en una clínica de élite porteña”.

Lucila agregó: “Hoy, en la era de los avances biotecnológicos, parimos con más miedo a que no manden a una cesárea innecesaria que al dolor y la falta de atención médica que temían nuestras abuelas. Tenemos todo para parir mejor y con menos riesgo, pero la norma es intervenir, medicalizar, operar, todas acciones que van en detrimento del bienestar de la madre y su bebé“.

Para ella, sabiendo que por norma los partos se intervienen, se medicalizan y se operan, las familias que no quieren eso deben prepararse no solamente para parir, sino también para resistir. Y usó ese verbo a sabiendas de que “en un momento de tanta vulnerabilidad decirle ‘no’ a la partera que insiste en acostarte es una resistencia”.

Su hijo tenía dos vueltas de cordón, la misma razón por la que tres de sus amigas habían sido llevadas a cesárea. “Nosotros resistimos, y yo pude parir”, contó Lucila

“En mi caso, la piedra angular para lograr parir a mi hijo fue Noelia (Schulz), mi amiga y doula que nos acompañó a mi compañero, a mi hijo y, principalmente, a mí durante mi embarazo y parto. ‘Tu cuerpo sabe parir’, me dijo, y yo me lo creí -rememoró la mujer-. Me ayudó a tolerar el dolor, me mimó, me cuidó y trajo calma a nuestro desconcierto de primerizos”.

Su hijo tenía dos vueltas de cordón, la misma razón por la que tres de sus amigas habían sido llevadas a cesárea. “Nosotros resistimos, y yo pude parir. Nadie sabe qué le va a pasar en el parto, pero algunas sabemos más que otras y la información es poder, incluso cuando parimos“, enfatizó.

Aun con la más rigurosa atención médica, es posible que la mujer se prepare para vivir un trabajo de parto y un parto en paz, rodeada de amor y con la tranquilidad de que habrá alguien velando por ella, su pareja y el hijo por nacer, para darle la mejor bienvenida a ese ser que llega para sumarse a sus vidas.

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