Teatro Cervantes: las 38 obras de Shakespeare desde una perspectiva rupturista

en Politica el 28/11/2017

3 8 S M es una producción transdisciplinaria donde se funden el teatro, la performance, la creación audiovisual, la danza y la música

Para la mayoría de la gente, la frase “Shakespeare en el Cervantes” tal vez evoque un cierto tipo de recuerdos. Una imagen de Alfredo Alcón declamando en la Martín Coronado (que queda en el San Martín, pero se entiende); esas épocas más formales en que una se arreglaba para ir al teatro, mujeres con zapatos de taco, hombres con saco y camisa, nenas con medias de voladitos. Seguramente muchos de los que se acercaron en estos días a ver SM38 (Shakespeare Material) y se encontraron rodeados de jóvenes desnudos corriendo entre el público o proyecciones de muñecos Playmobil esperaban otra cosa, y no hubieran ido a un espectáculo del tipo que el director e investigador francés Laurent Berger y su tropa quisieron ofrecer. Algunas confusiones, como demuestran las comedias de Shakespeare, pueden ser muy enriquecedoras.

El proyecto de Berger era tan sencillo como delirante: montar en tres meses las 38 obras de Shakespeare, en versiones y adaptaciones de no más de treinta minutos cada una (generando un espectáculo que suma en total cerca de 18 horas). Esta “aventura radical”, como la llama Berger, no tiene antecedentes en el mundo: “En 2016 hice la curaduría y dirección artística de un evento ligado al 440º aniversario de la muerte de Shakespeare pero poco tenía que ver con 38 SM. Se trataba de un festival conformado con varios grupos, no de un espectáculo único con un solo elenco y un proyecto artístico tan determinado. Pero fue construyendo ese festival que surgió en mí la idea de abordar la obra dramática de Shakespeare como el material de base para hacer un solo espectáculo que reflejara toda la diversidad de la obra shakesperiana con una mirada actualizada y a través la exploración de las posibilidades estéticas que nos ofrece hoy la escena contemporánea”, dice Berger a Infobae, por mail, en perfecto español. Con esta última frase se refiere, por una parte, al carácter transdisciplinario del espectáculo, en el que se cruzan la música, el teatro, lo visual y lo audiovisual, así como lenguajes teatrales más clásicos con otros más relacionados a la performance. Pero también se refiere a la cuestión performática en un sentido más amplio: el propio intento de esta hazaña casi imposible, de sacrificar, por supuesto y de forma explícita, ciertos acabados técnicos que implicarían mucho más tiempo de trabajo, es un gesto performático.

Episodio 1: La guerra es joven y llena de vida

Berger explica todo esto con claridad en Notas sobre Shakespeare y la puesta en escena, un texto incluido en el libro que el Cervantes editó para acompañar en el espectáculo. Lo interesante de estas ediciones (que el Cervantes también sacó, por ejemplo, para las obras de Copi que se estrenaron este año) es que son una herramienta para que este nuevo énfasis en los procesos teatrales que Alejandro Tantanian le está imprimiendo al Cervantes no deje afuera a los espectadores. En este texto podemos leer la fundamentación teórica detrás del proceso de SM38 y así encontrar algunas claves para interpretar el espectáculo, de las que vale la pena destacar dos: en primer lugar, la noción del texto shakespeareano como un material de trabajo, como un punto de partida para la investigación escénica y no un objeto cerrado y acabado. En segundo lugar, Berger destaca el peligro de la primacía absoluta del texto en la adaptación de la obras de Shakespeare (incluso se habla, dice, de “relecturas” de Shakespeare, haciendo un énfasis claro en la importancia de la interpretación textual) y reivindica en cambio un enfoque integral y multidisciplinario de espectáculo shakespeareano, que priorice al teatro como algo vivo y ponga al texto en función con todos los demás momentos que se tejen en escena.

Episodio 3: Mentir para vivir

A la luz de estas ideas se puede mirar SM38 de forma completa: el desafío de la monumentalidad del espectáculo (seis episodios de tres horas cada uno), del límite temporal (tres meses de montaje en total) e incluso el gesto político que implica armar un espectáculo de estas características no apoyándose en un elenco de estrellas, sino en uno que mezcla a algunos actores conocidos como Guillermo Arengo, Carlos Cano y Paloma Contreras con un grupo de jóvenes de las carreras de actuación de la UNA y la EMAD, seleccionados en audiciones abiertas.

La obra propone un enfoque innovador, alejado del clasicismo

Teniendo en cuenta las características del proceso, que implicó improvisación y el trabajo de los actores con el texto, este voto de confianza no es un asunto menor: “Una vez hecho el casting, que incluye actores profesionales y actores egresando de las escuelas UNA y EMAD, quienes en su gran mayoría ya trabajan en teatro independiente, para mí desaparecen las etiquetas. Trabajo con un elenco y cada actor tiene su propio proceso y mi trabajo es ayudarlo a lograr sobrepasar los obstáculos. Tal vez lo más difícil, para mí como para los actores, fue encontrar para cada obra de Shakespeare una manera de actuar diferente, que les obligaba a salir de los esquemas de su formación, para los estudiantes, o de sus costumbres, para los actores con más experiencia. En varios casos, nos tomó semanas hasta poder definir la manera exacta de actuar, porque se apoyaba en reglas que teníamos que inventar por esa única obra”, cuenta Berger, que dice también que SM38 fue un desafío para todos por igual: “En ese sentido, el proceso creativo fue, para muchos, también un camino de descubrimiento de herramientas actorales, y eso incluye a los actores con más recorrido. Cuando tienes que encarar entre 12 y 17 papeles diferentes, cada uno en formatos de actuación distintos, tu espectro técnico y expresivo tiene tendencia a expandirse y diversificarse. Es doloroso porque transitas por lugares donde no te respalda la experiencia o las técnicas adquiridas, pero también es jubilatorio porque descubres que la capacidad expresiva del actor no se reduce a dos o tres esquemas estéticos que son los que, al fin de al cabo dominan el teatro en cada país”.

Episodio 5: Todo amor tiene su tiempo

La diversidad al interior de SM38 en los tratamientos de cada obra y sus relaciones con el original shakespeareano es amplísima: cada episodio es una especie de master class de procedimientos escénicos, actorales y dramatúrgicos. En algunos casos, el procedimiento funciona como un comentario sobre la dificultad de adaptación de ciertas obras: esto es claro, por ejemplo, en el caso de la Comedia de equivocaciones, donde carteles de distintos colores y videos proyectados en una pantalla en la parte superior del escenario se utilizan para resolver el eterno problema que plantea la obra al requerir dos pares de actores que sean idénticos (y así hacer verosímil que los demás personajes los confundan). Otro caso simpático en esta línea es la adaptación de El rey Juan, una obra que tal vez requeriría un conocimiento más amplio sobre la historia de las monarquías europeas del que tienen los espectadores contemporáneos; en ese caso, la historia se explica directamente con muñecos Playmobil, movidos por los actores que hacen sus voces y proyectados en pantalla en vivo para que los espectadores puedan ver sus movimientos desde cualquier lugar de la sala. En otras obras, en cambio, el procedimiento resalta el carácter perenne de ciertos motivos: en Sueño de una noche de verano, por ejemplo, jóvenes desnudos se buscan y se insultan entre el público para terminar bailando en una fiesta electrónica, mostrando todo lo que las comedias de situaciones que todavía hoy vemos seguido en la televisión y en el cine más pochoclero le deben a la comedia shakespeareana.

Episodios 6: Los padres e hijas

Para quienes se indignen con las adaptaciones “irreverentes” de SM38, Berger también tiene una respuesta: en el texto editado por el Cervantes empieza justamente hablando de una ética de la traición, en la que los intérpretes de las obras de Shakespeare, necesariamente traidores, apenas se dividen entre los tímidos y los temerarios. SM38 claramente quiere inscribirse en la segunda categoría: “fue una manera de llevar a un grado de fusión absoluta todas las herramientas y funciones del teatro, mezclando lo culto con lo popular, el teatro experimental y el institucional”, explica sobre sus objetivos, “para llegar a una forma de 6 episodios de entre aproximadamente 3 horas de una diversidad estética extrema”.

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Fuente: Teatro Cervantes: las 38 obras de Shakespeare desde una perspectiva rupturista

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