Se presentó en el Washington Post con una "noticia bomba" pero sólo quería engañar a los periodistas: cómo fue desenmascarada

en Politica el 28/11/2017

La periodista Stephanie McCrummen y su falsa fuente, Jaime Phillips (captura de video)

Poco después de conocerse las acusaciones contra el candidato republicano al Senado por Alabama, Roy Moore, señalado de haber acosado a varias menores de edad, una mujer se acercó a periodistas del Washington Post con un testimonio que sonaba impactante y prometedor. Aseguraba haber tenido una relación durante su adolescencia con el político y había abortado un embarazo. Todo era una trampa con una oscura intención que involucra a una organización conservadora que apunta contra los grandes medios.

Durante dos semanas, dos reporteros del prestigioso diario, al que Donald Trump ha criticado en varias oportunidades por su línea opositora, se reunieron con Jaime T. Phillips. “Roy Moore en Alabama… Yo podría saber algo, pero necesito tener seguridad. ¿Cómo hacemos esto?”, fue el primer correo que envió. Posteriormente, escribió: “Necesito estar segura de que me protegerán. Tengo cosas que he ocultado por mucho tiempo, pero tal vez debería seguir así”.

Durante esos días, circularon en redes varios falsos rumores sobre supuestas recompensas de la prensa a aquellas personas que aporten testimonios, lo cual va en contra de la dirección editorial de no pagar a las fuentes para no comprometer su credibilidad. Los intentos por desprestigiar la investigación elevaron una alerta en las redacciones.

Roy Moore ha rechazado las numerosas acusaciones en su contra

Beth Reinhard, periodista que recibió los correos, acordó reunirse a solas con Phillips, de 41 años, en un centro comercial, luego de contactarse por una app de mensajería encriptada. La presunta víctima contó que su familia se había mudado muchas veces y que, cuando estuvo en Alabama, conoció a Moore en un grupo religioso. A los 15 años empezaron una relación sexual secreta, aseguró. “Sabía que no era lo correcto, pero no me importó”.

Según relató, quedó embarazada y Moore la convenció de abortar. Pero algo llamó la atención de la periodista. “¿Moore va a perder la elección si cuento esto?”, preguntaba la mujer. Una de sus principales preocupaciones parecía ser conocer la opinión de la reportera sobre el posible efecto de la noticia. “Lo siento, pero no podemos garantizar qué pasará”, era la respuesta, pero Phillips insistió varias veces.

Dentro del proceso de averiguación de antecedentes, los reporteros buscaron el nombre de la mujer y hallaron otro detalle sospechoso. La fuente había abierto una campaña para juntar donaciones y apoyos para un proyecto profesional. “¡Me mudo a Nueva York! Acepté un trabajo en un movimiento de medios conservadores para combatir las mentiras de los grandes medios“, explicaba. En esa época, la organización Project Veritas había lanzado una oferta laboral para “reporteros encubiertos”.

Phillips confirmó que la campaña era suya

Para un segundo encuentro, Phillips pidió reunirse con otra periodista. Stephanie McCrummen, quien acudió acompañada en secreto con otros reporteros que grabaron la escena. Nuevamente, la fuente dijo que no quería profundizar los detalles de su presunta relación con Moore, sino asegurarse de los efectos negativos que tendría sobre su campaña.

Para los periodistas del Washington Post, su intención era obtener una declaración que comprometiera la integridad de los periodistas, revelando alguna presunta animosidad contra el candidato. “Lo que quiero es que quede fuera de carrera. No sé qué piensas sobre eso…”, insistió, buscando alguna respuesta explosiva de la reportera.

Cuando fue confrontada por los datos sobre su proyecto laboral, ofreció datos falsos de la empresa Daily Caller, al asegurar con voz dubitativa que fue entrevistada por una persona que, luego se conocería, nunca trabajó allí. “Creo que voy a cancelar, no voy a responder más preguntas“, agregó, cortando la entrevista. Pocas horas después, la página de recolección de fondos había sido desactivada.

Confrontada por las evidencias, la mujer dio por terminada la entrevista

Todo quedaría en el olvido como otra fuente fallida, pero días después, reporteros del Washington Post la vieron entrar a las oficinas de Project Veritas, una organización conservadora fundada en 2010 con la misión de “investigar y exponer la corrupción y la deshonestidad”, y que ha intentado, en varias oportunidades, desprestigiar a los medios de mayor circulación, en particular a los más liberales.

Martin Baron, editor ejecutivo del periódico, que nunca llegó a publicar los testimonios de la mujer, explicó la decisión de revelar las conversaciones que, en un principio, fueron realizadas como confidenciales. “Siempre honramos los acuerdos del off-the-record cuando son hechos con buena fe. Pero esta conversación fue la base de una maniobra para engañarnos y avergonzarnos. El intento de Project Veritas claramente era publicar la charla si caíamos en la trampa. No fuimos engañados y no podemos honrar un acuerdo que fue solicitado maliciosamente”.

Phillips no volvió a responder a los llamados de los periodistas, mientras que James O’Keefe, fundador de la organización, se negó a responder las preguntas. La campaña de Roy Moore también mantuvo silencio sobre el tema.

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