¿Quién dijo que no hay hipótesis de conflicto?

en Politica el 29/11/2017

La desaparición del submarino ARA San Juan generó nuevamente la pregunta sobre qué tipo de Fuerzas Armadas necesitamos y para qué. La diferencia entre las veces anteriores y esta pareciera radicar en que, por primera vez, ahora la sociedad las encontró olvidadas, marginadas y quiere definir su destino.

La llegada de la democracia, hace 35 años, no sólo encarceló a algunos integrantes de las tres Fuerzas Armadas que participaron en esa etapa previa, sino que hubo una evidente condena a las instituciones militares al sumirlas en la indiferencia social y política. Las consecuencias las advertimos hoy en la escasez y la obsolescencia del material, y en personal profesional que, pese a su alto grado de preparación y adiestramiento, en muchos casos, no alcanza a superar la línea de pobreza.

Ahí radica el primer aspecto a considerar, porque a los “fierros” se los compra y mantiene con dinero, pero al personal se lo forma, mantiene y capacita con presupuesto y tiempo. Encontramos, entonces, el primer problema. Para reclutar a los mejores candidatos hay que tentarlos con un horizonte digno. Nuestros militares hoy pueden ofrecerle a su familia la dignidad que dan sus valores y su vocación, pero no por la calidad de vida que les pueden brindar con sus magros sueldos, que, por lejos, son los más bajos que paga el Estado.

Todo esto conlleva a la pregunta inexorable: ¿Para qué queremos Fuerzas Armadas?

Las tres Fuerzas Armadas que tenemos —Ejército, Armada y Fuerza Aérea, las demás son fuerzas de seguridad o policiales— deben responder, ante todo, a uno de los seis objetivos supremos constitucionales: proveer a la defensa común. He aquí la primera confusión. Los giros del discurso político de alguien hicieron que todos comenzaron a rezar que en la Argentina no existen hipótesis de conflicto. Algunos lo repitieron porque es políticamente incorrecto afirmar lo contrario y otros, por ignorancia supina.

Todos los países tienen hipótesis de conflicto. Que haya casi nulas posibilidades de entrar en conflicto con nuestros países vecinos es muy probable. Hasta es lógico adherir a esa opinión. Pero existir, aunque sea en un bajo índice de posibilidades, existen. Y allí vale un ejemplo. Imaginemos por un momento que Colombia, inmersa en su batalla interna contra la droga y la guerrilla, basada en la economía de recursos y en la cordial convivencia del ex presidente Andrés Pastrana con el venezolano Rafael Caldera, se hubiese preguntado para qué Fuerzas Armadas y las hubiese eliminado o reducido. Pues la respuesta la tendríamos hoy. Gracias al poder disuasivo de las Fuerzas Armadas colombianas, se frena cualquier locura de su vecino Nicolás Maduro.

Ergo, ¿alguien puede asegurar que en unos años, varios tal vez, no tengamos conflicto con algún país vecino? Sin duda la respuesta es “no”, como también es la de nuestros vecinos que por algo sostienen su alto poder militar. Mucho mayor que el nuestro. En ese sentido, también vale afirmar que mantener Fuerzas Armadas altamente pertrechadas y capacitadas es la mejor herramienta para sostener la paz, por su irremplazable poder de disuasión. “Si vis pacem, para bellum” dijo el romano Vegecio.

Además, en estos últimos años aparecieron nuevas hipótesis de conflicto: el terrorismo internacional, el narcotráfico, la explotación de los recursos naturales y la preservación del medioambiente. En todos los casos, el alto poder económico transnacional y, en muchos, con el respaldo de otros países, obligan a pensar en sistemas de defensa de alto nivel de preparación. No hay en el mundo fuerza de seguridad alguna apta para preservar la integridad, por ejemplo, de la plataforma económica exclusiva, no sólo por sus recursos ictícolas sino por la riqueza mineral e hidrocarburífera. Ellas están para otra cosa, pero no es su función ni están capacitadas para preservar la defensa nacional. Ahí otro porqué de tener Fuerzas Armadas.

Por ello, desde el establecimiento de para qué las queremos, tenemos que pensar en dos cosas a la vez: cómo diseñar las que pretendemos sostener en el largo plazo y no perder la capacitación de las que hoy tenemos. Y es bueno para eso mantener operativo el material militar actual.

En el mundo sólo hay 26 países sin Fuerzas Armadas. El Vaticano, cuidado por la Guardia Suiza; San Marino, por Italia; los siete caribeños cubiertos por el sistema regional de seguridad, un sistema militar de asistencia mutua; Andorra, protegido por España y Francia; Mónaco, por Francia; Liechtenstein, por Suiza; Islandia, Micronesia, Palaos, Panamá e Islas Marshall, que están bajo la protección de los Estados Unidos; Haití, por las fuerzas de la ONU; Nauru e Islas Salomón, por Australia; y Samoa, por Nueva Zelanda. Están sin protección alguna Costa Rica, Karibati, Mauricio, Tuvalu y Vanuatu.

La conclusión es obvia. Es bueno, entonces, que la Argentina decida de una vez por todas qué vamos a hacer con nuestras instituciones militares y que haya políticos que piensen definitivamente en un país para las próximas generaciones, dejando la coyuntura de lado. Pero para eso el trabajo se deberá encarar con seriedad profesional y sin mezquindades políticas. Debe ser estudiado por reconocidos profesionales de la defensa, de las relaciones internacionales y de la estrategia. Sin interferencias de improvisados u organizaciones que busquen ganar espacios. Una vez en la vida, la Argentina merece que pensemos en serio y en grande.

Si no ocurre, el incidente del submarino ARA San Juan será un infortunio más de la trágica historia argentina. Sus 44 tripulantes no lo merecen. Ponerse en acción es el mejor homenaje que podemos hacer a quienes arriesgaron su vida sin pedir nada a cambio.

El autor es periodista.

Fuente: ¿Quién dijo que no hay hipótesis de conflicto?

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