Por su ostensible militancia, Zaffaroni no debería seguir integrando la Corte Interamericana

en Politica el 14/02/2018

Zaffaroni volvió a expresar su deseo de que el Gobierno de Macri termine antes del 2019

Eugenio Raúl Zaffaroni debe cumplir con un compromiso público pendiente. Afirmó cuando se alejó de nuestra Corte Suprema de Justicia, en la carta dirigida a la entonces presidenta Cristina Fernández, fechada el 31 de octubre de 2014, que luego de tres largas décadas desempeñando actividades jurisdiccionales experimentaba la sensación de que esa tarea estaba “agotada” para él. Que por eso se iba de la Justicia. Y en su reemplazo se volcaría a menesteres diferentes.

A contramarcha de su solemne declaración, y pese a su enfatizado agotamiento jurisdiccional, volvió a un Tribunal, aunque en este caso de jerarquía internacional: la Corte Interamericana de Derechos Humanos. En el 45° período ordinario de sesiones de la OEA, celebrado en Washington del 15 al 16 de junio de 2015, se realizó la votación en que Zaffaroni resultó electo como juez aunque con solo 18 votos, detrás de Pazmiño Freire de Ecuador con 22, Odio Benito de Costa Rica con 20 y Vio Grossi de Chile también con 20. Resultó la candidatura con menor apoyo. Una señal. Sutil.

Esta Corte se compone de siete jueces, nacionales de los Estados miembros de la OEA, elegidos a título personal de entre juristas de la más alta autoridad moral, de reconocida competencia en materia de derechos humanos, que reúnan las condiciones requeridas para el ejercicio de las más elevadas funciones judiciales, conforme a la ley del Estado del cual sean nacionales o del Estado que los postule como candidatos. La Corte es una institución judicial autónoma cuyo objetivo es la aplicación e interpretación de la Convención Americana sobre Derechos Humanos. Resultan claros la exigencia y los requisitos. ¿Los cumplía Zaffaroni?

Si bien cada Estado parte puede proponer hasta tres candidatos, el gobierno kirchnerista de entonces postuló solamente a Zaffaroni. ¿Tenía acaso tan alto grado de consenso como para ser candidato “único”? A juzgar por la crítica generalizada al anteproyecto de Código Penal redactado por la Comisión que él mismo presidía, conjeturamos que no. ¿Correspondía proponer a un jurista que viene de semejante rechazo a sus ideas y propuestas sintetizadas en “su” Código? Eventuales glorias pasadas fueron insuficientes para evitar su rutilante fracaso. No importó. Igual el kirchnerismo mantuvo su candidatura.

“Que los miembros de la Corte Interamericana posean la más alta autoridad moral y reconocida competencia en el campo de los derechos humanos, y que se repudie expresamente la candidatura de Eugenio Zaffaroni por no cumplir con dichos requisitos establecidos en la Convención Americana de Derechos Humanos“. Este premonitorio e histórico párrafo se leyó un día antes de la votación, como conclusión de la Sociedad Civil en la Mesa de Trabajo sobre DDHH, ante el Secretario General de la OEA, Luis Almagro, y los restantes embajadores, incluida la argentina Nilda Garré. Todos habían quedado advertidos. Tampoco importó.

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Usina de Justicia, asociación civil que preside la Dra. Diana Cohen Agrest, insistió en julio de 2016 presentando un escrito ante la Corte en donde impugnó la continuidad de Zaffaroni, toda vez que su presencia en el cargo es incompatible con la intensa actividad de significación política que el juez mantiene desde el inicio de sus funciones.

En los argumentos de la nota enviada a Washington, Usina señaló que “Zaffaroni, desde pocos días después de asumir como miembro de esa Corte, se ha volcado en forma ostensible a la actividad política, a través de actos que afectan su independencia, imparcialidad, la dignidad y prestigio de su cargo y la investidura de juez internacional, en franca contradicción con lo establecido por el artículo 18 del Estatuto de la Corte”.

Mencionó la “intensa actividad político partidaria y militante” basada en el hecho de que actúe como asesor legal de la ex presidenta Fernández de Kirchner en sus causas judiciales, en sus opiniones críticas acerca de causas penales en las que se investigan delitos de otros ex funcionarios y su asidua descalificación del actual gobierno, entre otras causales. Dicho y hecho. Hicieron oídos sordos. Premonición cumplida.

¿Por lo tanto, existen razones ineludibles que motiven la dimisión de Zaffaroni a la Corte Interamericana de Derechos Humanos prueba de su remanido agotamiento en la actividad jurisdiccional?

De previo y especial pronunciamiento surge, según lo relatado, que su candidatura sufría de indicios graves, precisos y concordantes para presumir que nunca debió haber sido postulado y mucho menos electo. ¿Alguien lo impuso más allá de su renunciamiento a la vida jurisdiccional? ¿Lo necesitaban en ese cargo? Simples conjeturas al pasar.

Razones normativas parece las hay, fundadas en la incompatibilidad de su actividad militante con la restricción que le manda el Estatuto. Que algunos incluso califican de antidemocrática atento el tenor de sus expresiones. Son de público y notorio conocimiento.

Motivos éticos también por el fracaso de su ideal abolicionista del derecho. Construcción ideológica que pretende legitimar la impunidad penal. Surgida de la biblioteca de las ideas abstractas pero que, aplicada en el laboratorio de la vida social, su campo de experimentación es el dolor irredento de las víctimas (basta con googlear el fallo Tiraboschi).

Finalmente, por sus propias convicciones personales, aquellas que escribió al alejarse de nuestra Corte Suprema por estar “agotado” de la vida tribunalicia y para “volver a volcar mayor empeño en la labor docente, en la tarea doctrinaria y en la acción en las instituciones científicas internacionales”.

Si lo dicho hasta aquí es cierto, entonces Zaffaroni no debe renunciar. Ya lo hizo. Sólo le falta irse.

El autor es abogado, miembro de Usina de Justicia

Fuente: Por su ostensible militancia, Zaffaroni no debería seguir integrando la Corte Interamericana

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