Por qué la obra de Borges trascenderá incluso al premio Nobel

en Politica el 11/01/2018

Por Martín Hadis

Borges en la Biblioteca Nacional argentina

El períodico Svenska Dagbladet informó ayer que la Academia Sueca “desclasificó” el informe acerca de la decisión de a quién otorgar el premio nobel de literatura de 1967. Al parecer ese año, en el que resultó ganador Miguel Ángel Asturias, Jorge Luis Borges fue rechazado porque el presidente del Comité, Anders Osterling, argumentó que el autor de El Aleph le parecía “demasiado exclusivo o artificial”.

Muchas veces me han preguntado sobre esta cuestión. De hecho la pregunta sobre Borges y el nobel se ha convertido en lo que se dice “un clásico”: casi no hay diálogo en el que participe sobre Borges en el que no surja: ¿Por qué no le dieron el Nobel a Jorge Luis Borges?

Mi respuesta es invariablemente la siguiente: lo que realmente ocurrió no fue que no le dieran el Premio Nobel a Borges. Lo que realmente ocurrió fue que no le dieron Borges al Premio Nobel.

Jorge Luis Borges (Getty)

Me explicaré:

La antigua civilización sumeria que inventó la escritura floreció hace aproximadamente 5000 años en la región de Oriente Medio conocida como Mesopotamia, entre las planicies aluviales de los ríos Éufrates y Tigris.
Ahora bien: ¿cuál es, exactamente, el número de academias o comités de la civilización sumeria que la mayoría de nosotros podría enumerar de memoria? Exactamente cero. Y sin embargo seguimos leyendo la antigua épica de Gilgamesh.

No solo eso: esa antigua obra literaria que narra las sucesivas aventuras que el rey Gilgamesh atraviesa en su vana búsqueda de la inmortalidad ha sido traducida a decenas y decenas de idiomas. Solo por citar algunos: inglés, alemán, holandés, polaco, chino, japonés, estoniano, y … ¡hasta klingon!

Las antiguas academias sumerias realmente existían. Se llamaban “edubbas”, nombre que significa “casa de las tablillas”, por las tablillas de barro en que se inscribían entonces con los curiosos caracteres cuneiformes. Estas academias eran lugares de estudio, debate, aprendizaje y acopio de textos. Las había de distintas clases, con diferentes rubros y énfasis. Una, identificada en Nippur, fue llamada “Casa F” por sus descubridores modernos. Contenía cientos de tablillas inscriptas, todas hechas pedazos. En Ur se encontró otra que los arqueólogos denominaron simplemente: “Casa 7”. Cuesta pensar lo implacable que resultó el paso del tiempo para esas instituciones: ni siquiera sabemos cómo se llamaban. No han sobrevivido siquiera sus nombres.

¿Qué quiero decir con todo esto? Que dentro de 5000 años seguramente seguiremos leyendo a Borges – acaso en idiomas que hoy aún no existen. Y para entonces, dudo que nadie pueda citar el nombre de una sola academia de nuestro mundo actual, que para entonces se habrá convertido en una antigüedad remota. Esta no es una observación a favor ni en contra de Borges, ni a favor ni en contra de ningún país o comité en particular. Es la mera comprobación de un hecho histórico: las grandes obras literarias suelen sobrevivir a sus creadores, y aún a las civilizaciones y lenguajes que les dieron origen. Todo parece que indicar la obra de Borges sobrevivirá al paso de los siglos. No sería tan optimista con respecto a ningún comité actual.

Vale recordar aquí también que de la Inglaterra sajona han llegado hasta nuestros días más poemas que edificios.

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