Noticias y opinión en los medios

en Politica el 13/01/2018

Una de las funciones de los medios gráficos, orales y por vías electrónicas es trasmitir las noticias. Naturalmente, todo no cabe, no es posible consignar todo lo que pasa, puesto que implicaría replicar el conjunto de los acontecimientos en el mundo. Hay que seleccionar lo que se estima importante y relevante. La mayor parte de los sucesos diarios son irrelevantes para los lectores, radioescuchas, televidentes y en las redes sociales. Que Fulano le dijo a Mengana “buenos días” no constituye noticia, y así sucesivamente.

Gracias a los medios modernos y a las comunicaciones es que se conocen los acontecimientos de importancia en tiempo real. Solo los gobiernos autoritarios hacen lo posible por bloquear o tergiversar lo que ocurre. La libertad de expresar el pensamiento es la madre de una sociedad abierta. No se concibe el respeto recíproco, la quintaesencia de la libertad, sin una prensa completamente abierta y exenta de interferencias de los aparatos estatales. El conocimiento demanda puertas y ventanas abiertas de par en par al efecto de que circule la mayor dosis de oxígeno posible, ya que se trata de lo provisorio siempre abierto a refutaciones en un contexto evolutivo.

Habiendo dicho esto, los medios también cuentan con secciones de opinión sobre las noticias para facilitar información y diversos ángulos de análisis que enriquecen a los destinatarios. Esas secciones de opinión, a su vez, no se limitan a desmenuzar la noticia, sino que incorporan debates de fondo que inexorablemente están tras la noticia. Demos unos pocos ejemplos telegráficos que ya he tratado con detenimiento en otra ocasión. Por ejemplo, la noticia puede ser que un gobierno reparte de cierta manera la publicidad oficial entre los diversos medios, la columna de opinión puede sostener que la distribución es inequitativa y discriminatoria, mientras que la opinión de fondo cuestiona la existencia de publicidad oficial y, con mucha mayor razón, el establecimiento de una agencia estatal de noticias, todo lo cual atenta contra la libertad de expresión.

Esto último permite corregir desvíos y no simplemente consignar el hecho. En otras palabras, la noticia de la coyuntura es indispensable y también la opinión sobre la coyuntura, pero en definitiva lo decisivo estriba en el análisis del fondo del asunto. De lo contrario, se convierte en un problema circular y será como el perro que pretende morderse la cola. Las características de la coyuntura y sus respectivos comentarios derivan siempre de ideas de fondo. Serán en uno u otro sentido según sean las ideas prevalentes.

Por eso es tan trascendente dividirse el trabajo en esta triada: unos dan la noticia, otros la comentan y algunos se ocupan del fondo del asunto en la esperanza de correr el eje del debate en una u otra dirección. En este plano, el debate resulta crucial para conocer cuáles serán las avenidas que conviene transitar y cuáles conviene evitar. Ilustremos el tema con un par de ejemplos más.

La noticia puede ser la designación de un nuevo embajador en tal o cual país, la opinión puede referirse a la inconveniencia de esa designación, mientras que la opinión de fondo puede señalar la inconveniencia de contar con embajadas, todo su séquito y palacios, dado que, a diferencia de la época de las carretas, ahora hay teleconferencias y otros canales de comunicación rápida (en este sentido, agrego que Guatemala no mantiene relaciones diplomáticas con China y es el que mayor comercio exhibe con ese país por habitante en Latinoamérica).

La noticia puede aludir a la expansión de la base monetaria de tal o cual porcentaje, la opinión sobre la noticia puede objetar ese porcentaje y explicar las correspondientes razones, mientras que la opinión de fondo puede referirse a los argumentos por los que el problema monetario debe verse en la misma entronización de la banca central, acompañado de todo el andamiaje analítico referido a la naturaleza del dinero tal como lo han señalado los premios Nobel en economía Friedrich Hayek, Milton Friedman, Gary Becker y James Buchanan, que actualmente han sido seguidos por una abundante bibliografía por el momento desconocida a nivel político.

Por mi parte, considero que las opiniones de fondo más bien escasean, lo cual explica los motivos por los que tendemos a no salir del pantano, y no circunscribo la atención a determinado país, sino que me refiero en general a lo que viene ocurriendo en nuestro atribulado mundo. La tendencia generalizada es la de revolverse en la coyuntura y no respirar aire fresco para permitir un cambio de rumbo. Discutimos en el plano del zócalo cuando debiéramos hacerlo con una vara en otra dimensión y por cierto más alta para no enredarnos en el día a día y, en su lugar, tomar distancia al efecto de mirar más lejos y más profundo. Por supuesto que hay autores que profundizan, pero aparentemente son los menos, incluso confirmamos lo dicho si recorremos las estanterías de las librerías donde, independientemente de las novelas, hay poco material que se salga de lo que se reitera en todos lados.

Generalmente los países que retroceden son aquellos que se debaten en la coyuntura y son incapaces de abrir el juego en la consideración de ideas de fondo para sacar partida de otras perspectivas que permitan salir del paso.

Hay otro asunto que es secundario a lo que venimos diciendo, pero que no debe ser descuidado, tema sobre el que me he ocupado más detenidamente en otra oportunidad y es sobre la denominada objetividad de las noticias.

Como hemos consignado más arriba, la selección de la noticia es ya de por sí subjetiva y la interpretación de los hechos en ciencias sociales depende del sujeto que interpreta y, además, esos hechos de las ciencias sociales no tienen el mismo significado que en ciencias naturales. En el primer caso, no se observan fenómenos como en el laboratorio, puesto que se trata del análisis de propósitos deliberados que solo existen en ciencias sociales. Las piedras y las rosas no tienen propósito deliberado, solo tienen lugar en los seres humanos.

Entonces, lo que debemos concluir en esta línea argumental es que subjetivamente se interpretan los fenómenos sociales. No es que se patrocine el relativismo histórico. Muy por el contrario, quienes mejor interpreten esos fenómenos estarán más cerca de la lo ocurrido, es decir, de la verdad, la que se va puliendo en un azaroso camino de corroboraciones provisorias y refutaciones. En un proceso abierto de competencia, los medios que mejor seleccionen noticias, es decir, las más relevantes, y los que mejor las interpretan, serán los más creíbles. Lo mismo sucede con los historiadores.

Esta cuestión de confundir planos científicos no solo ocurre entre periodistas e historiadores, sino entre economistas y juristas, que aluden a los hechos en ciencias sociales como si se tratara de constatar la mezcla de líquidos en un tubo de ensayo.

El antes referido Hayek, en su ensayo titulado “The Facts of the Social Sciences” (Ethics, octubre, 1943 y expandido en tres números sucesivos de Economica), explica que los llamados hechos en ciencias sociales “no se refieren a ciertas propiedades objetivas como las que poseen las cosas o las que el observador puede encontrar en ellas, sino a las visiones que otros tienen sobre las cosas […]. Son instancias de lo que se suele llamar conceptos teleológicos, esto es, se pueden definir solamente indicando la relación entre tres términos: un propósito, alguien que mantiene ese propósito y el objeto que la persona considera apropiado como medio para ese propósito”. Por eso, nos explica Hayek en el mismo ensayo: “La teoría social […] es lógicamente previa a la historia”.

Es decir, prestamos atención a los fenómenos basados en un esqueleto teórico previo, ya que no se trata de cosas que se miran en el mundo físico, sino de nexos causales subyacentes e inseparablemente unidos a su interpretación.

Robin Collingwood, en The Idea of History, Oxford Univesity Press, 1956, escribe: “En la investigación histórica, el objeto a descubrir no es el mero evento sino el pensamiento expresado en él” y en su autobiografía (Fondo de Cultura Económica, 1939-1974) subraya que, a diferencia de la historia y “las ciencias naturales, tal como existen hoy y han existido por casi un siglo, no incluyen la idea de propósito entre las categorías con que trabajan […] el historiador debe ser capaz de pensar de nuevo, por sí mismo, el pensamiento cuya expresión está tratando de interpretar”. En ese contexto rechaza “la historia de tijeras y engrudo donde la historia repite simplemente lo que dicen las autoridades del momento”.

Como ilustra este autor, si se trasmite la noticia circunscrita a que Fulano murió, esto corresponde al campo de las ciencias naturales (un fenómeno biológico), pero si se notifica que Fulano dejó una carta antes de morir, estamos ubicados en el territorio de las ciencias sociales, donde necesariamente cabe la interpretación de la referida misiva, su contexto y todas las implicancias que rodean al caso. En realidad, agregamos nosotros que no cabe la refutación empírica para quien sostenga que la Revolución francesa se originó en los estornudos de Luis XVI, solo se puede contradecir en el nivel del razonamiento sobre interpretaciones respecto a las conjeturas sobre los propósitos de los actores presentes en ese acontecimiento.

Todo esto nada tiene que ver con la objetividad del mundo que nos rodea, que posee una naturaleza, propiedades y atributos independientemente de lo que los sujetos consideren que son. Es otro plano de debate. Lo que estamos ahora considerando son las apreciaciones y las evaluaciones respecto a las preferencias, los gustos y los propósitos de seres humanos.

Umberto Eco, en su disertación titulada “Sobre la prensa” en el Senado romano y dirigida a directores de periódicos italianos, en 1995, expresó: “Con excepción del parte de las precipitaciones atmosféricas [que son del área de las ciencias naturales], no puede existir la noticia verdaderamente objetiva”, básicamente por lo que hemos apuntado en este breve artículo sobre la materia, a lo que agregamos nosotros que dado que en las ciencias sociales tiene un gran peso la hermenéutica, debe destacarse que la comunicación no opera como un escáner en el sentido de que el receptor recibe sin más el mensaje tal como fue emitido.

En resumen, este último tema y los anteriores requieren ser analizados con cuidado, lo cual no tiene lugar si solo hay espacio para la coyuntura seguida de simples comentarios. Es indispensable redoblar el esfuerzo en el debate de ideas de fondo al efecto de tomar distancia y respirar oxígeno renovado. Y es menester opinar sobre el fondo de los temas cuanto antes si se desea cambiar, de lo contrario, será como cuando Mao Tse Tung visitó Francia en la época de Charles de Gaulle y le preguntaron qué opinaba sobre la Revolución francesa, a lo que respondió: “Es muy pronto para opinar”.

El autor es Doctor en Economía y también es Doctor en Ciencias de Dirección, preside la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires y es miembro de la Academia Nacional de Ciencias Económicas.

Fuente: Noticias y opinión en los medios

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