José Patricio Molina asesinó a tres personas, incendió la casa y luego se ahorcó

El romance entre Mayra Bueno y José Molina encontró su desenlace una semana antes de la madrugada fatal. Discusiones y peleas que terminaron en un triple crimen, en donde la mujer, junto a su madre (Mónica Outeda) y su hijo de 6 años (Lautaro Vega) fueron víctimas de un asesinato en el que los cuerpos presentaron signos de violencia y luego fueron quemados.

Molina, tras asesinarlos, incendió la casa y se llevó los celulares de las víctimas. También prendió fuego un Fiat Spazio que manejaba junto a su novia, al que también le habría cortado los frenos. La fiscal de Homicidios, Claudia Ríos, recibió el resultado preliminar de la autopsia realizada por el Cuerpo Médico Forense a las víctimas de la tragedia de Guaymallén, localidad de Mendoza, en donde se confirmó que las mujeres fueron atacadas con un elemento contundente terminado en punta, mientras que el menor habría sido asfixiado.

La autopsia reveló detalles estremecedores. Outeda, de 51 años, tenía múltiples heridas en diferentes sectores del cuerpo. La lesión que le habría causado la muerte fue producida en la base del cráneo, además de una fractura en el brazo derecho, golpes en el tórax y varios traumatismos en la cabeza.

Mayra, Lautaro y Mónica: las víctimas de Molina (El Sol/Mendoza)

Su hija, de 25 años, también fue encontrada con lesiones en la cabeza y en el tórax, producidas con el mismo objeto que los investigadores aún no lograron encontrar: se presume que pudo ser un palo o un hierro de importante tamaño. El pequeño, en cambio, murió por estrangulamiento.

Los vecinos advirtieron el fuego cerca de las 3 de la madrugada. Horrorizados, acudieron a la vivienda, en donde hallaron los cuerpos sin vida con signos de violencia. “Mayra estaba bañada en sangre”, relataron las personas que ayudaron a socorrer a la familia, según reveló el diario El Sol de Mendoza. El periódico también aseguró: “Los vecinos nos dicen que Lautaro no paraba de llorar, hasta que se calló de golpe”. 

Cerca del mediodía, la Policía buscaba a Molina, quien se escondía en la casa de su hermana, en Maipú. Antes de eso, se dirigió al trabajo de una pareja anterior a la que le confesó: “Me mandé una cagada, maté a tres personas”. El asesino estuvo allí unos minutos y luego continuó la conversación por WhatsApp. Fue a través de este medio que le contó que pensaba quitarse la vida, como finalmente hizo en la vivienda de su hermana.

Molina incendió la casa y un Fiat Spazio para no dejar evidencias (MdzOnline)

Allí se ahorcó. Los efectivos encontraron al sospechoso con signos vitales mínimos y lo trasladaron de urgencia al Hospital Central, donde los médicos no pudieron hacer nada.

Según comentaron otras personas que viven en el mismo barrio, la familia hacía pocos meses que se había mudado a la vivienda, ubicada sobre la calle Barcelona. “Eran gente muy buena, a la que conocimos en el centro de jubilados al que solían acudir. Tenían un negocio de artículos de limpieza”, contaron.

“Mayra era una persona tranquila, amable, dulce, nunca nos imaginamos que podía pasar esto. Él -el presunto asesino- hacía poco que estaba con ellos y había estado en la fiestita de fin de año del jardín de infantes“, contó Alejandra, compañera de trabajo de la víctima, al ser consultada por MdzOnline.

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