Los "Panfletos antisemitas" de Céline, en el centro de una polémica en Francia

en Politica el 13/01/2018

A 56 años de su muerte, Céline sigue siendo el autor más discutido de Francia

Francia es, probablemente, el último país capaz de convulsionarse por un escándalo político-literario. Esa saludable costumbre nació en el Siglo de las Luces (1670-1820), languideció hasta mediados del siglo XX y terminó casi por desaparecer devorada por los talk shows de televisión, el imperio de los sound bites y el eclipse de grandes referentes intelectuales.

Desde hace algunos días, sin embargo, como en las épocas más gloriosas de Saint-Germain-des-Prés, el país volvió a sumergirse en un vendaval de pasiones, desencadenado por el proyecto de Gallimard de reeditar los llamados Panfletos antisemitas del “escritor maldito” Louis-Ferdinand Céline. La magnitud de la tormenta se explica en parte por el contexto de actos de violencia antisemita que conoce Francia desde hace algunos meses.

El escándalo es tan grande que el gobierno decidió convocar al cardenal de las letras francesas, Antoine Gallimard (70 años), para sugerirle que aplace o modifique su proyecto de desempolvar esa trilogía publicada entre 1937 y 1941: Bagatelas para una masacre (1937), La escuela de los cadáveres (1938) y Les beaux draps (1941), publicado en plena ocupación alemana por la editorial colaboracionista Nouvelles Editions Françaises, que había sido fundada un año antes por Robert Denoël.

Cada uno de esos libros vendió en su momento, por lo menos, 50.000 ejemplares cada uno, lo que era un excelente tiraje para la época. Ese éxito le permitió a Céline ganar “mucho dinero”, según especialistas como el historiador Pierre-André Taguieff o François Guilbaut.

Desde que terminó la Segunda Guerra Mundial, esos tres volúmenes no volvieron a ser impresos por decisión del escritor. Después de su muerte, en 1961, su viuda, la ex bailarina y profesora de danza Lucette Destouches  —que tiene actualmente 105 años—  se obstinó en respetar la voluntad de su marido. De las primeras ediciones, hasta hace unos años solo subsisten unos pocos ejemplares que se venden a precio de oro entre bibliófilos; otra versión publicada hace años en Paraguay por Editions de la Reconquète se vende clandestinamente y algunas dudosas reproducciones circulan en sitios neonazis y antisemitas de internet.

Esos textos salieron definitivamente de la clandestinidad en 2012, cuando la editorial Editions 8, de Quebec (Canadá), los publicó con otros textos breves, entre ellos Homenaje a Zola, Mea culpa y Al que ha perdido la razón, curiosamente dedicado a Jean-Paul Sartre. Esa auténtica bomba política de casi mil páginas fue finalmente publicada con un título de prodigiosa neutralidad: Escritos polémicos.

Editions 8 pudo hacerlo porque la ley canadiense establece que un texto ingresa al dominio público medio siglo después de la muerte del autor. La legislación francesa, en cambio, los protege durante 70 años. Para evitar toda acusación de complicidad con la ponzoña antisemita que destila Céline, el editor canadiense incluyó un prólogo de contextualización escrito por Regis Tettamanzi, profesor de literatura francesa del siglo XX en la Universidad de Nantes.

Canadá, por lo demás, podía hacerlo porque Céline nunca fue prohibido en ese país. Pero en Francia, la situación es diferente. Considerado por numerosos críticos literarios como uno de los mayores escritores franceses del siglo XX, 56 años después de su muerte Céline sigue siendo el intelectual más discutido. Ese estigma obedece a su adhesión ideológica al nazismo durante la Segunda Guerra Mundial y  –sobre todo—  al contenido antisemita de los tres panfletos.

Edición en español de la gran obra de Celine, “Viaje al fin de la noche” (Edhasa)

Consciente del significado y el impacto nefasto que habían tenido sus opiniones durante la guerra, huyó de Francia en junio de 1944, después del desembarco aliado en Normandía. Fugazmente residió en Baden-Baden y Sigmaringen, en el sur de Alemania, donde estaban recluidos el mariscal Philippe Pétain y los principales dirigentes del gobierno colaboracionista. Un mes antes de la caída del Reich se refugió en Dinamarca, que aún estaba ocupada por los nazis. Capturado por los aliados, purgó un año y medio de prisión en las cárceles danesas y otros cuatro años en un centro de descanso a orillas del Báltico.

En 1950, en el marco de la depuración, fue condenado en Francia in absentia por “inteligencia con el enemigo” y “traición”, a un año de prisión  —que ya había efectuado en Dinamarca—, a la “indignidad nacional” más una fuerte multa. En 1951 fue amnistiado gracias a la intervención del abogado de extrema derecha Jean-Louis Tixier-Vignancourt, pero nunca consiguió reintegrarse a los círculos literarios y, hasta su muerte, vivió recluido en su casona de la afueras de París con su mujer y sus perros.

Esas sanciones, sin embargo, no impidieron la publicación de sus nuevos escritos y la reedición de los libros anteriores a la guerra, en particular su primera novela, Viaje al fin de la noche, considerada por numerosos especialistas como una de las obras maestras de la literatura francesa del siglo XX.

Céline, a los 21 años

La única “censura” que existe en Francia  —de carácter general—  procede del corpus penal que reprime los actos y escritos que incitan a la discriminación, el odio o la violencia por razones de raza o religión, o formulan la apología de crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad o colaboración con el enemigo. Para evitar que los Panfletos pudieran incurrir en esa categoría de delitos, Antoine Gallimard había previsto adoptar todas las precauciones posibles.

Primero, decidió incluir un prefacio del crítico y periodista Pierre Assouline, autor de varias novelas sobre la Ocupación y reconocido especialista de Céline. Luego, obtuvo el permiso de la viuda, quien  —a pesar de su edad— conserva intacta su lucidez. Recluida en su vetusta casona ubicada a mitad de camino de la ruta que conduce de Gardes a Meudon, a 12 km al suroeste de París, “Lucette”  —como la llaman sus amigos—  decidió autorizar la publicación convencida de que “esos textos existieron en un contexto histórico determinado”, pero que ahora “los tiempos habían cambiado”.

La prueba, a su juicio, era que en 2015 Robert Laffont reeditó sin ningún problema Les Décombres (Los escombros), de Lucien Rebatet (1903-1972), otro violento texto antisemita que había sido un bestseller durante la ocupación nazi de Francia.

Pero ambas obras no son comparables. Es difícil imaginar que el talentoso autor de Viaje al fin de la noche sea el mismo que en los Panfletos destila un veneno antisemita que resulta insoportable.

En esas páginas sulfurosas, Céline confiesa temer la “bastardización” de la raza, que convertirá al hombre [europeo] en un ser “medio negro, medio amarillo, medio blanco, medio rojo, medio mono, medio judío, medio todo”. “Los judíos deben desaparecer”, decía, porque “son nuestros parásitos inadmisibles, ruinosos, desastrosos […] biológica, moral, socialmente [son] chupadores pudridores”.

Incluso después de la guerra, nunca disimuló su odio racial. En una entrevista que concedió en 1957, admitió su pasado.

– Digámolo claramente: usted fue antisemita—, le recriminó Albert Zbiden.

– Exactamente, en la medida en que yo pensaba que los semitas incitaban a la guerra—, reconoció.

Formulado de esa manera, se podía pensar que su antisemitismo había constituido un error juvenil de apreciación política cuando  –en realidad– esa posición sin ambigüedad era el resultado de un odio visceral:

  «Los judíos, racialmente, son monstruos híbridos, lobos que deben desaparecer […] En el rebaño humano no son otra cosa que bastardos gangrenosos, destructores, putrefactores», escribió en La escuela de cadáveres.

Además de su contenido sulfuroso, el título de uno de los Panfletos de Céline se presta mal a la traducción.

Les beaux draps es un giro idiomático que  —literalmente—  significa “lindas sábanas”. Pero la formula être dans des beaux draps es sinónimo de situación inconfortable o desagradable.

El diccionario utiliza como ejemplo una frase empleada por Emilio Zola en La alegría de vivir: «Nous voilà encore dans de beaux draps par ta faute» (Otra vez estamos en situación complicada por tu culpa). Por extensión, está implícita la idea de “a ver cómo salimos de ésta”.

En el caso del libro de Céline, el título parece aludir a la difícil situación de Francia durante la guerra  —a su juicio—  por culpa de los judíos.

Antisemitismo explícito

En un texto a su secretaria literaria, publicado en 1995 con el título de Cartas a Maria Canavaggia, dice abiertamente que quiere “degollarlos” y elogia el método que utilizó Adolfo Hitler para “purificar” Moabit, el barrio judío de Berlín.

El escritor alemán Ernest Jünger jamás olvidó el diálogo escalofriante que mantuvo con Céline en diciembre de 1941, en París. Años después, recordó que durante esa conversación el escritor predicaba una “limpieza casa por casa a punta de bayoneta”. Peor aún: escandalizado durante la ocupación alemana por la “gran cantidad de judíos en libertad” y “aún vivos”, escribió más de 30 cartas de delación a la prensa colaboracionista para llamar la “atención de la Gestapo” sobre “ciertas personas sospechosas de ser judías”, como los poetas Robert Desnos y Jean Cocteau, los bailarines Serge Lifar y Anna Pavlova”, así como otros intelectuales, médicos y artistas.

El aspecto más curioso es la profunda contradicción que existe entre ese antisemita sin alma y el autor de Viaje al fin de la noche. Esa paradoja no cesa de asombrar a Serge Klarsfeld, el veterano cazador de nazis francés que dedicó toda su vida  —junto a su esposa alemana Beate—  a luchar contra el antisemitismo y a mantener viva la memoria de Shoah.

“Soy un admirador de Viaje. Cuando mi hijo Arno tenía 12 años, le leía en voz alta los mejores pasajes de ese libro. En mi biblioteca también tengo todos los volúmenes que integran los Panfletos, de modo que sé de qué estoy hablando”, reconoció ese hombre que, a los 82 años, sigue presidiendo la Asociación de Hijos e Hijas de Deportados en Francia. “Céline no era solo un escritor de talento, sino alguien que promovía el exterminio de los judíos”, sentenció.

Céline nació en 1894 y murió en 1961

Con ese talento raro que tiene para poner el dedo donde más duele, Klarsfeld adoptó una actitud de extrema audacia: en el país que convirtió la libertad de creación en un dogma casi religioso, se atrevió a pedir abiertamente la prohibición de la reedición de los Panfletos. “Bagatelas es el texto fundador del antisemitismo e influenció a toda una generación de colaboracionistas que enviaron a los judíos franceses a la muerte”, recordó.

La palabra de esa leyenda de 82 años, que tiene la reputación de ser casi un santo, fue el detonante que precipitó la reacción de las instituciones judías francesas, decenas de intelectuales y académicos. Incluso, ante el giro inusual que tomaba el debate, el IRIS (Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas), un centro de estudios dedicado a la geopolítica, organizó una conferencia sobre el antisemitismo.

La irrupción de Klarsfeld en el debate fue seguramente el motivo que indujo al gobierno a convocar a Gallimard a la Delegación interministerial de lucha contra el racismo, el antisemitismo y el odio anti LGBT (DILCRAH).

Herido en su orgullo de prestigioso editor de ocho premios Goncourt y de los dos últimos premios Nobel franceses, Antoine Gallimard reafirmó su intención de publicar los Panfletos, pero acompañados de dos pequeñas concesiones: “Estamos de acuerdo [con la DILCRAH] en que no debemos precipitarnos. Publicaremos la reedición, por supuesto, pero cuando estemos listos”, declaró, lo que sugería que no sería en 2018.

La editorial parecía dispuesta a aceptar las exigencias de la DILCRAH. A través de ese organismo, el gobierno “sugería”  —es decir ordenaba— “acompañar los tres panfletos de un aparato crítico de calidad […] para aclarar el contexto histórico e ideológico de la producción […] Una descodificación de las inclinaciones del autor y de los errores factuales que contiene, son entonces determinantes”.

La situación encerró a Gallimard en un dilema infernal: publicar los Panfletos, como propiciaba incluso el primer ministro Edouard Philippe  —reconocido especialista de Céline— o hacer frente a Klarsfeld, que lanzó una dramática amenaza difícil de ignorar. “No dejaremos publicar esos textos que  —recordó—  condujeron a la muerte de nuestros padres”.

La esperanza de Antoine Gallimard duró poco. Ante la ola de críticas que había provocado el proyecto, decidió finalmente “suspender” la edición del volumen anunciado, aunque expuso claramente su desacuerdo con las posiciones enunciadas por los promotores de la protesta: “Los Panfletos de Céline pertenecen a la historia más infame del antisemitismo francés”, declaró en un comunicado. Luego afirmó “comprender” y “compartir” la “emoción de los lectores a los que la perspectiva de esta edición conmueve, hiere o inquieta por razones humanitarias y éticas evidentes”. Pero “condenarlos a la censura impide sacar a la luz las raíces [del antisemitismo] y su alcance ideológico, y crea una curiosidad malsana en reemplazo de nuestra facultad de juicio”.

Céline, autor maldito

  La velada acusación de censura formulada por el editor abre al mismo tiempo otro debate.

En todo caso, más que poner punto final, la decisión de Gallimard parece abrir un interrogante sobre el futuro de esa edición. Como ocurre con frecuencia con el “autor maldito” de la literatura francesa, cada escándalo de su vida y su obra no es otra cosa que un trampolín hacia otra explosión de pasiones.

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Celine en pocas palabras

  • Nombre:
  • Louis-Ferdinand Auguste Destouches
  • Seudónimo:
  • Louis-Ferdinand Céline (Céline era el nombre de su madre y de su abuela).
  • Nacimiento:
  • 27 de mayo de 1894 en París
  • Muerte:
  • 1° de julio de 1961 en Meudon
  • Profesión:
  • médico, escritor y ensayista
  • Obra principal:
  • Viaje al fin de la noche
  • (1932),
  • Muerte a crédito
  • (1936) y
  • Rigodon
  • (obra póstuma).
  • Premios:
  • Renaudot en 1932

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Antisemitismo de cada día

El escándalo provocado por el proyecto de los Panfletos de Céline se explica, en gran parte, por el contexto de actos de violencia antisemita que existe desde hace algunos meses en Francia y algunos países europeos.

Hace apenas un mes, la decisión de Donald Trump de reconocer a Jerusalén como capital de Israel desencadenó una de ola de manifestaciones de fuerte contenido anti-judío. En Malmoe (Suecia), miles de personas desfilaron con banderas palestinas amenazando con lanzar una Intifada y con “degollar judíos con un cuchillo”. En Gotemburgo, la sinagoga de la ciudad fue atacada con bombas molotov.

En Berlín, 1.200 manifestantes protestaron contra la decisión de Trump quemando banderas israelíes al pie de la puerta de Brandeburgo, ubicada frente a la embajada de Estados Unidos. Algunos corearon eslóganes como “muerte a los judíos” y otros hicieron el saludo nazi. Otros grupos protestaron en el barrio berlinés de Neukolln al grito de Hamas ! Hamas ! ¡Los judíos al gas!”. Esos episodios condujeron a la canciller Angela Merkel a declararse preocupada por el resurgimiento de ese fenómeno demostrado estadísticamente por el ministerio del Interior: en el primer semestre del año se registraron 681 delitos antisemitas (+6% en relación al mismo periodo del año anterior).

“Nos oponemos a toda forma de xenofobia y antisemitismo […] El Estado empleará todos los medios a su disposición para luchar contra ese fenómeno”, aseguró la canciller alemana.

“No se trata de un nuevo antisemitismo que surge en reacción a la decisión de Trump. Es un sentimiento que estaba en las consciencias y que sale a flor de piel en un contexto propicio”, interpretó el sociólogo francés Michel Wieviorka. A su juicio, la “edad de oro para los judíos en Europa terminó a mediados de los años 1980. Después hubo un aumento constante de la inseguridad e incluso un aumento del antisemitismo criminal”.

En Francia, donde entre 2005 y 2016 hubo una explosión de violencia contra locales, templos y escuelas judías, una encuesta realizada en octubre pasado también comprobó un aumento del sentimiento antisemita: 64% de la opinión pública piensa que los judíos disponen de lobbies muy poderosos; 53% estiman que son más fieles a Israel que a Francia; 53% que tienen mucho poder; 52% que son más ricos que el promedio nacional y 51% que están particularmente presentes en la banca y las finanzas.

La inseguridad que siente la comunidad es tan grande que en los últimos tres años  —desde que comenzó el terrorismo yihadista—  hubo un fuerte éxodo de los judíos que residían en los suburbios poblados por una mayoría de árabes, donde residían hasta ahora la mitad de los 500.000 israelitas de Francia. Cansados de los insultos, amenazas y actos de violencia, varios miles de familias decidieron mudarse a lugares más seguros: algunos optaron por la alya, es decir radicarse en Israel (7.900 en 2015 y 5.000 en 2016), y otros emigraron hacia países como Gran Bretaña, Estados Unidos o Canadá. Paralelamente hubo un “éxodo interno” de 60.000 judíos, que abandonaron la inseguridad de los suburbios para radicarse en París, según un estudio realizada por Jérôme Fourquet, director del instituto de sondeos Ifop.

 

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Fuente: Los "Panfletos antisemitas" de Céline, en el centro de una polémica en Francia

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