Desde 2011 que la economía argentina repite el mismo patrón: reactivación en los años impares, es decir los electorales, y caída en los pares, cuando hay más margen político para tomar decisiones difíciles porque no se vota. La gran novedad es que 2018 será una excepción, pero a medias: habrá crecimiento (algo que no sucedía en los años pares desde 2010), aunque el principal motor de la economía, que es el consumo, volverá a enfriarse tras el repunte del año pasado. Nuevamente comercio minorista, supermercados y shoppings tendrán un panorama complicado, luego de cierto alivio que llegó sobre todo en la segunda parte del año pasado.

El 2017 terminó con una inflación de 24,8%. ¿Qué pasó con los ingresos? Hasta octubre, el Coeficiente de Variación Salarial que divulga el INDEC mostraba un incemento de 27% interanual. Suponiendo que se mantiene esa misma tendencia hasta fin de año, implica un aumento del poder adquisitivo levemente superior a 2 puntos. Es lo que explica por qué se produjo una mejora del consumo en la última parte del año pasado, lo que colaboró con  la expansión de la economía a más de 5% en octubre. Sin embargo, esa recuperación no alcanzó ni siquiera para compensar la caída de 2016. En otras palabras, el salario aún no volvió en valores reales a los niveles que tenía cuando Cristina Kirchner dejó el poder.

Los salarios le ganaron a la inflación en 2017, pero por poco. Subieron 27% contra 24,8% del índice de precios. Será difícil repetir este escenario en 2018

Para los próximos meses hay por delante aumentos de transporte (estuvieron congelados el año pasado), prepagas, colegios privados y una nueva ronda de subas en las tarifas de luz y gas, aunque menor a la de diciembre. Además es inminente el incremento del precio de las naftas, por dos efectos simultáneos: la suba del tipo de cambio pero sobre todo del precio del barril de petróleo a nivel internacional. Oil será la primera en ajustar este martes (tiene menos del 5% del mercado), pero el resto no tardará demasiado en hacerlo.

El impacto de todos estos aumentos va directamente al índice de inflación, pero también hay un derrame al resto de los precios (alimentos, bebidas e indumentaria), como demostró el salto de la inflación “núcleo” en diciembre hasta 1,7%.

Sólo los empleados que tienen mayores ingresos tendrán un alivio en el arranque del año, ya que al subir 29% el mínimo no imponible de Ganancias, muchos dejarán de pagar o tendrán una deducción menor a partir de este mes. Se trata, sin embargo, del 15% que más gana dentro de la pirámide salarial. Los jubilados y los beneficiarios de planes sociales, en cambio, tendrán  en este arranque del año un incremento menor a la inflación por el cambio de cálculo incluído en la reforma previsional.

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La suerte del consumo se definirá, finalmente, en las próximas paritarias. El Gobierno quiere imponer el 15% pero sin cláusula gatillo, una pretensión que hoy luce desubicada teniendo en cuenta el salto de la inflación a fin de año y la proyección para el 2018. Pero mientras comienza a jugarse ese partido, los “precios nuevos” les ganarán a los “salarios viejos” por goleada. Y eso significará un nuevo enfriamiento del consumo, que posiblemente empezará a notarse con más fuerza luego de las vacaciones. Tampoco ayuda la caída en la confianza de los consumidores que se registró en diciembre, un índice elaborado por la Universidad Di Tella, porque desalienta a la toma de decisiones.

¿Significa que si no se recupera la demanda la economía frenará su reactivación? No necesariamente. En primer lugar, porque la mejora del 2017 dejó un “efecto arrastre” para este año de casi el 1,5%. Significa que si la actividad se plancha todo el año, igual la evolución del PBI terminará en positivo.

La economía podría mantener un crecimiento de 3% en 2018. Casi la mitad es “arrastre estadístico” y luego se espera que traicione la inversión, tanto pública como privada.

Pero además, el Gobierno espera que aún sin un consumo traccionando, será el salto de la inversión la que impulsará a la economía, que podría así repetir el 3%. Por un lado están las obras de infraestructura que lleva adelante el Gobierno y que no se frenarán a pesar de ser un año no electoral. Pero sobre todo está la expectativa de un mayor volumen de inversión privada, especialmente a través de las licitaciones que se pondrán en marcha a través de los PPP (Programas de Participación Público Privada). La incógnita es a qué velocidad los compromisos de inversión que se vayan cerrando, por ejemplo en el caso de corredores viales y muchos otros proyectos, darán lugar a desembolsos que muevan al sector productivo y generen empleo. El panorama luce moderadamente favorable. El año pasado la inversión subió a un ritmo del 10% y en el actual superaría el 12%. Suficiente para agregar entre 1 y 1,5% al nivel del Producto.

La baja de tasas por parte del Central fue menor a la esperada, muchos la definieron como “testimonial”. Bajar del 28,75% a 28% Insuficiente como para promover una recuperación a través de un alivio de la política monetaria, que seguirá con el foco puesto en contener la inflación. Y por lo menos hasta abril o incluso mayo queda cajoneada cualquier posibilidad de reducción de tasas adicional, ante la seguidilla de números altos de inflación mensual que se esperan en este primer trimestre.

El contexto internacional arrancó favorable y eso también es otro impulso. El Gobierno se aseguró de entrada USD 9.000 millones y logró despejar en buena medida las incógnitas respecto a la posibilidad de conseguir financiamiento. Casi la mitad de los USD 30.000 millones que hacen falta para este año saldrán del mercado local, por lo que es muy poco lo que resta conseguir afuera.

 

 

Fuente: La "maldición" de los años pares: en 2018 se volverá a enfriar el consumo