La ingeniosa estrategia de un defraudador profesional

en Politica el 12/01/2018

 

Anthony Gignac (Gentileza: El Nuevo Herald)

Anthony Gignac se hacía llamar “sultán Bin Khalid Al Saud”, vestía trajes de las marcas más caras del mundo, manejaba lujosos automóviles con placa diplomática y mostraba orgulloso un penthouse valuado en casi un millón de dólares… pero este colombiano no es un príncipe saudita, es un estafador que montó una espectacular farsa durante 27 años.

Los detalles sobre la historia de Gignac son cada vez más fascinantes. Es que este estafador profesional acumula anécdotas pero hay una particularmente ingeniosa que casi le permite librarse de la policía… aunque algo falló.

A mediados de los 90 logró que una prestigiosa firma de abogados pagara su fianza en los tribunales de Miami. Increíblemente había convencido a los abogados de que realmente era un miembro de la realeza saudita y que los delitos que se le imputaban -estafa por más de 30.000 dólares- eran falsos.

Una vez en libertad se escapó a Nueva York donde sus debilidades fueron más fuertes y fue fácilmente localizado en el lujoso hotel Four Seasons. Hasta allí viajaron los abogados, que dieron con él y lo obligaron a volverse a Miami.

Fisher Island, uno de los lugares más caros de Miami que frecuentaba el falso príncipe (Getty)

Pero Gignac tenía preparada una nueva maniobra para escapar. Según detalla El Nuevo Herald, mientras los tres integrantes de la firma estafada compraban los pasajes en el mostrador de American Airlines para volver a Florida, Gignac empezó a gritar con todas sus fuerzas: “Yo soy el príncipe Khalid Al Saud, me están secuestrando. ¡Llamen a la embajada, llamen a CNN”.

“Ante el alboroto, varios agentes de policía asignados al aeropuerto se abalanzaron sobre el grupo de hombres, rodeándolos y apuntándoles con sus armas de fuego”, apunta el diario.

La ingeniosa estrategia casi le devuelve la libertad al estafador colombiano… hasta que uno de los abogados logró que la policía le permitiera sacar unos documentos de su maletín. Allí estaban los documento de la corte de Miami que confirmaban la verdad: Gignac definitivamente no era un príncipe.

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Fuente: La ingeniosa estrategia de un defraudador profesional

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