Festival de Poesía de Lobos: lecturas en el medio del campo

en Politica el 29/11/2017

Festival de Poesía de Lobos

Lucía se sube a una loma de pasto que bordea el camino de tierra. Sostiene una cámara y apunta a un caballo que come del otro lado del alambrado. La cámara es analógica y tiene pocos disparos, no los quiere desperdiciar. El caballo se pone a tomar agua de un bajo, Lucía espera con la cámara en alto a que se vuelva a poner de perfil. Ella es una artista visual de La Falda, Córdoba; la escena ocurre en Paraje Barrientos, a 100 kilómetros de la Capital Federal. Compró los rollos esa misma mañana para sacar fotos en un festival de poesía.

Buenos Aires es la ciudad con más librerías por habitante de Latinoamérica. Es probable que sea también la ciudad con más presentaciones, inauguraciones, ciclos y festivales. Es un incendio de editoriales, revistas, proyectos culturales de alta calidad que circulan y son reconocidos acá y en el resto del mundo. Todos los días, sus habitantes pueden elegir entre una variada agenda de experiencias culturales para todos los gustos. En este contexto hiperactivo y multidisciplinario se destaca una propuesta que lo que hace es, justamente, salir de la ciudad.

El Festival Rural de Poesía de Lobos es un evento anual que convoca a artistas y poetas de todas partes a pasar un día de lecturas* y música al aire libre. Lo crearon y llevan a cabo por segundo año consecutivo cuatro jóvenes poetas: María Lucesole, Ana Inés López, Alejandro Jorge y Elisa Palacio. Los tres primeros nacieron en Lobos; Elisa es porteña pero siempre estuvo muy conectada al pueblo donde nació Perón. María dirige, junto a Jeymer Gamboa, la revista de poesía Campotraviesa. Publicó Irse, Las plantas verdes de los veranos, El primer color de la noche, En todas las cosas la niebla y acaba de sacar un diario de escritura llamado Flechas lanzadas desde ninguna parte. Ana Inés publicó Estas deben ser épocas felices pero me daré cuenta más adelante, El campeón existencial y Futuro. Está trabajando unos textos que empezó a escribir cuando la tuvo a Sara, este enero (Sara parece una muñeca china y es una de las estrellas del Festival). Alejandro publicó Especificaciones y dirige la editorial de poesía Triana. Por último, Elisa tiene publicados los libros Casa Nueva y Relación de dependencia, y es un tornado de esa vocación a veces llamada “gestión cultural”.

Llegando al paraje Barrientos

La primera edición del Festival fue una fiesta. Decenas de poetas fueron a Carboni y Las Breñas a escuchar poesía y música al aire libre. O mejor, al fresco de unas pulperías suspendidas en el tiempo, mezcla de Molina Campos, Juan Moreira y Eisejuaz. Desde hace unos meses, el evento de Facebook se empezó a calentar con imágenes de canchitas de fútbol, lecturas al sol y cerveza. Finalmente, el sábado 11 de noviembre al mediodía dos micros llenos salieron del cine Gaumont, en el centro de la ciudad, hacia Barrientos, paraje diminuto a unos kilómetros de Lobos. Ese día, un rato antes del horario de salida, un posteo recomendaba desayunar bien y llevar Off.

La mayoría de los asistentes del Festival Rural se conoce entre sí. Muchos fueron a la edición anterior pero sobre todo comparten ese micromundo de la poesía vital y móvil, talleres, lecturas y fiestas durante el año. La mayoría es de la ciudad y conoce poco el campo. Uno se ríe porque después de hora y media de viaje todos siguen con el celular en la mano. En los asientos del medio, Viviana entrevista a un agrónomo-geólogo: está haciendo un documental sobre las napas tapadas en La Pampa. Varios preguntan de qué habla, nadie sabe de la emergencia hídrica que desespera a gran parte de la provincia vecina y a Buenos Aires.

Después de pasar por el campo de entrenamiento de la selección argentina, la cárcel de Ezeiza y la rotonda de Cañuelas que se prepara para la Fiesta Nacional del Dulce de Leche, llega el camino de tierra. En los últimos kilómetros el vehículo se llena de polvo y aumenta la ansiedad general. Son las cuatro de la tarde cuando los dos micros cargados de poetas y artistas de distintos orígenes estacionan frente al almacén donde se llevará a cabo el festival, al lado de un gran galpón del Club Atlético Alumni.

Lucas Soares

Barrientos es un paraje, no un pueblo. Por ahí nunca pasó el tren. Tiene un almacén, un club y unas pocas casas rodeadas de pequeñas chacras. El almacén lo compró Hugo Mongiardin hace más de 50 años. Belén, que atiende detrás del mostrador, es la nieta y recuerda a su abuelo con orgullo. En un principio vendían de todo, lo que hiciera falta, desde un alfiler para zurcir hasta piezas de molino. Ahora con mejores caminos, el almacén es un boliche, un lugar de encuentro. No saben cuántos son. No es un pueblo, insiste Belén, la gente viene y después se va.

El almacén está en una esquina entre dos calles. En el horizonte y alrededor no se ve más que campo. Va pasando el día y se siente el olor a Off, a pasto, a la tierra del camino. Las lecturas se escuchan con atención, pero también son una excusa para salir de la ciudad, para estar al aire libre, para encontrarse con esa otra Argentina tan distinta que queda a tan pocos kilómetros de distancia. “Son los mismos que leen en Capital”, dice uno, “prefiero ir a caminar”. Pasear, tirarse en el pasto, tomar vino, cerveza, grapa, fernet con soda. Para comer hay sándwiches de mortadela, picada de chorizo seco y un queso inolvidable servido en una hoja de papel como plato. Más tarde, se prende el fuego para preparar choripanes.

Cecilia Perkins

A las cinco de la tarde empiezan las lecturas. Están organizadas en tandas de cuatro o cinco poetas con un intermedio de música a cargo de Ex-Mujer y Vírgenes. Los textos son muchos pero breves y diferentes entre sí. Hay poemas sobre la muerte de un padre, la sensación de sentirse extranjero en el propio país. Historias personales, de descontroles propios y ajenos, reflexiones sobre el lugar de la poesía, sobre aguantar y esperar el paso del tiempo. El poeta peruano Daniel Edwin Alva Torres lee un texto de denuncia que provoca gritos y aplausos. Autores consagrados y chicos que leen de su primer libro, de hojas sueltas, varios del celular. Uno se disculpa por leer algo que tenía guardado en un mail. Pensó que iba a tener señal para descargar otros textos.

Entre las lecturas hay música y baile. En la última tanda, Tálata Rodríguez hace una versión recitada de En el bosque del sonambulismo sexual, de Sergio Bizzio; Cecilia Perkins lee sus delicadas historias de jardín rodeada de dos canastos llenos de flores que llevó especialmente. Las flores quedan en el escenario improvisado que no es más que un banco contra una pared de ladrillos con un reflector. Quedan como marco para el gran cierre a cargo del músico Ulises Conti y los fascinantes artistas Roberto Jacoby y Fernanda Laguna.

Edwin Álvarez Torres

—¿Cómo surgió la idea del Festival?

Elisa Palacio: —Un día se nos ocurrió con Alejandro hacer una lectura en la chacra de mi tía, en Lobos, ella tiene un tambo de cabras. Pensamos en la imagen de Ana leyendo embarazada entre los pastizales altos, con su panza, y nos hizo acordar a un poema de ella que se llama “Pradera” que habla de un futuro y una imagen parecida a esa, y a la que estaba viviendo Ana en ese momento. De ahí surgió la idea de hacer algo en Lobos, pero en el campo, hablamos con Ana y lo empezamos a pensar, María estaba de viaje por Europa y se lo contamos también. Lo de mi tía era medio complicado porque ella ahí trabaja y vive, y no queríamos molestarla. A partir de ahí fue muy divertido porque hicimos varios viajes a Lobos en auto, camioneta y tren recorriendo parajes rurales, pulperías, almacenes, para elegir el lugar indicado. Al final, ya que nos habíamos movido tanto, decidimos que mejor fuera un festival y no una simple lectura, ya que tanto traslado y tanto esfuerzo y cambio de paisaje nos parecía un desperdicio.

— ¿Tienen alguna idea a largo plazo?

Ana Inés López: —Nuestra idea es que siga, ya tenemos lugar para el año que viene, en Zapiola, que es un lugar hermoso, y se puede llegar en tren. Nos encantaría poder hacerlo en otros lugares, ojalá podamos, eso sería lo ideal, espacios rurales o agrestes de cualquier parte de Argentina. Hasta ahora lo hacemos en Lobos y lo proyectamos ahí por una cuestión de logística ya que la mayoría de nosotros nació ahí, y la verdad es que no contamos con presupuesto. Pero sería un sueño poder expandirnos.

Elisa Palacio: —Pensamos en las sierras de Córdoba también, y en otras partes de la provincia de Buenos Aires, por amistades y gente que nos ha tirado ideas.

Poetas sobre la barra

— ¿Qué lo diferencia de otras lecturas?

Ana Inés López: —La verdad es que la idea surgió del entusiasmo y de las ganas de trasladarnos; combinar el espacio rural con las lecturas de poesía nos pareció al menos algo atractivo, quizás hemos ido a demasiadas lecturas en la ciudad. También nos cuestionamos a quién le gusta esto, a quién le sirve, si para las personas que nos reciben en esos espacios es algo interesante, etc. Esas cosas nos cuestionamos el año pasado mientras íbamos en camioneta a averiguar por los primeros lugares; la verdad, no lo sabíamos, pero el entusiasmo nos seguía guiando. El día que se realizó, lo organizamos en un mes, y realmente no estaban ultimados los detalles, la gente la estaba pasando tan bien que le dio el cierre de sentido. Nosotros llevamos la poesía, que es lo que construimos en la ciudad, a otro espacio, que es en el que queremos estar, para ver si de ese encuentro surge algo, y efectivamente surge porque la pasamos bien.

Elisa Palacio: —En la primera edición estuvimos en dos pulperías de campo, hicimos una recorrida por caminos de tierra con dos colectivos, camionetas, autos y motos. Fue como una gira y dio lugar a un encuentro entre oriundos, poetas participantes y público en general, los que venían con nosotros y los curiosos del lugar. Esto produjo un algo interesante entre distintos actores socioculturales, diferente del que se produce, por ejemplo, en eventos de la ciudad, que muchas veces somos siempre los mismos. En la segunda edición elegimos otra pulpería, un paraje rural cerca de la cuenca del río Salado para continuar con esta idea, con ese encuentro. También mezclando las lecturas con música en escenarios ajenos, como una performance, y como un acto de brindar algo nuevo, para todas las partes.

María Lucesole: —Es interesante la mezcla campo-ciudad, ese cruce. La idea de que la poesía no tiene por qué ser urbana ni por qué ser rural. Esa unión entre dos geografías es hermosa. El campo, el cielo y las voces abajo. Yo creo que hay algo de lo geográfico, del territorio, de lo híbrido y fronterizo que también nos mueve, pero como todo movimiento importante, nunca se puede explicar del todo el “por qué”.

Bajo los árboles de Lobos

— ¿Qué les gusta a ustedes de hacerlo? Con tanta oferta cultural, tantas cosas que hacer, tan poco tiempo que hay para todo, ¿por qué lo hacen?

Ana Inés López: —No creemos que vaya a cambiar el mundo ni mucho menos, pero nos parece que sí existen momentos donde uno la pasa realmente bien, y eso es a base de esfuerzo conjunto, es de hacer un poquito más amena nuestra existencia. Podríamos hacerlo con otro arte pero nosotros conocemos este. La idea también es acompañarlo con música, es algo que le da otro halo. El año pasado tocó Paula Trama, acústico a la noche en el almacén, y la gente de ahí, unos paisanos del almacén, comentaba cosas como: “Es un ángel”. Este año la propuesta musical fue muy diferente y estuvo buenísimo también.

Elisa Palacio: —Nos divierte, nos entusiasma y nos mantiene unidos como amigos y con la poesía. Al mismo tiempo, eso que decíamos arriba, sacar nuestro ámbito a otros lugares y compartirlo con otras personas y paisajes. Cuando armábamos el primero nos reíamos de que era todo medio “Fitzcarraldo”, como algo muy raro, llevar dos colectivos llenos de músicos y poetas al medio del campo sin tener un peso para hacerlo. También está bueno ir a lugares medio perdidos en el campo y hacer cosas, no sé. En el último lugar leímos comentarios como: “Qué lindo ver el almacén de Barrientos lleno de jóvenes nuevamente”. Eso nos alegró.

María Lucesole: —Pasarla bien yo creo que a esta altura es una resistencia política, y en este caso además justamente se trata de pasarla bien con cosas que resisten: la poesía, el campo, la naturaleza y la gente reunida por un fin en común. Esa magia es la que aparece cuando suceden cosas así: la alegría, la belleza, la emoción de estar juntos atravesando un paisaje, como si la poesía cobrara movimiento, eso es hermoso.

 

* Las lecturas fueron de Sofía Calvano, Roberto Jacoby, Tálata Rodríguez, Ulises Conti, Violeta González, Cecilia Perkins, Daniela Sabanes, Daniel Edwin Alva Torres, Felipe Sáenz Riquelme, Fernanda Laguna, Guillermina Dolcetti, Javiera Pérez Salerno, Jeymer Gamboa, Agustina Leal, Shinji Keito, Lucas Olarte, Lucas Santamarta, Lucas Soares, Lucrecia Lionti, Mariela Sanz, Martina Juncadella, Maruki Nowacki, Micaela Piñeiro, Nina Kovensky, Nora Fiñuken y Obsolescencia Programada.

 

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Fuente: Festival de Poesía de Lobos: lecturas en el medio del campo

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