Elisa Carrió aglutinó a la cúpula macrista en una multitudinaria cena, entre humoradas y tensiones internas

en Politica el 29/11/2017

Elisa Carrió, líder de la Coalición Cívica

Habían pasado 20 minutos de la medianoche cuando Elisa Carrió convocó al escenario a una vieja amiga a la que presentó como “ministra de relaciones exteriores con los ovnis”. “Nuestra mejor ministra”, remarcó. A su lado, una mujer entrada en años y vestida de negro, pintada en exceso y con unos grandes aros dorados empezó a dar cátedra sobre cuestiones paranormales. “Creo que me muero este año, pero el velorio va a ser un éxito”, insistía la diputada, jocosa, frente al grupo íntimo de dirigentes y cholulos que aún quedaban en el enorme pabellón 6 de Costa Salguero, ambientado con muchísimo más glamour que de costumbre.

Para esa hora, reservada solo para el universo íntimo y ecléctico de Carrió, los principales dirigentes de Cambiemos y de la mesa chica de Mauricio Macri ya habían devorado el ojo de bife y el helado y aplaudido el discurso de la diputada, que ayer por la noche aglutinó a la cúpula del macrismo en medio de tensiones internas en la multitudinaria cena de recaudación del Instituto Hannah Arendt, un evento de fuerte contenido político para el oficialismo.

“Yo no lo invité a Mauricio”, dijo la líder de la Coalición Cívica sobre la ausencia del Presidente cuando promediaba la noche, detrás del escenario y después de fumar un cigarrillo en un apartado en el que se recluyó de a ratos para descansar y “tomar aire”.  “Yo sé el esfuerzo que estamos haciendo todos, y vaya esfuerzo. Cuando veo la historia clínica digo ‘este es el precio’. Pero ahí me están reorganizando los órganos”, diría “Lilita” un rato más tarde sobre el escenario. Quién sí estuvo unos minutos fue Juliana Awada, que conversó antes del comienzo de la cena con la anfitriona y la gobernadora María Eugenia Vidal, que también se fue temprano y no llegó al plato principal. Carrió fue hasta la Casa Rosada a avisarle a Macri que pretendía invitar al evento a la primera dama el martes 14. Según ella, el Presidente tenía más interés en el amistoso que la Argentina perdió con Nigeria en Rusia.

La presencia de Awada, Vidal -que mañana parte a una gira de más de una semana a China-, Marcos Peña -que hará lo propio pero a Washington, a participar de una charla organizada por Jaime Durán Barba-, Horacio Rodríguez Larreta, Mario Quintana, Fernando de Andreis, José Torello, Federico Salvai, Carolina Stanley, Diego Santilli, Emilio Monzó, Mario Negri, Alfredo Cornejo, José Corral y decenas de funcionarios y diputados oficialistas desnuda no solo el peso específico de Carrió en la alianza de gobierno, sino la necesidad de contención por parte de sus socios. Internamente, a “Lilita” la aprecian y le temen por igual. Si pueden, le retacean información. Como el rol de Daniel Angelici, de quien Macri le confió a su socia política que se ocupa solo de algunas de sus cuestiones personales. No le mintió: en efecto, Angelici se ocupa de asuntos personalísimos del Presidente. Pero también de algunos importantes encargos judiciales.

“He decidido no escribir el libro de mis memorias porque creo que voy presa. Pero lo voy a dejar para los 70, 80, si me toca. Igual algo escrito voy a dejar, algunos chismes jugosos, que más de un vivo puede morir”, bromeó la diputada durante su discurso, en el que premió al periodista Joaquín Morales Solá y a Mario Negri, y que fue antecedido por la orquesta de Ángel Mahler, que dedicó el clásico del “Mago de Oz” a “los 44 tripulantes del ARA San Juan”, en relación al submarino desaparecido que obligó a bajarle un tono al fervor de la velada.

“La política es ingrata, sobretodo la sociedad a veces es ingrata con la política. No conmigo. A mí me matan y después me aman. Cuando me aman, duermo, y cuando me matan también duermo porque sino me acosan. Tenemos una relación fluctuante de amor y de reconocimientos. Después se enojan conmigo, estoy loca, dejo de estar loca, soy la más lúcida, la menos lúcida, la más gorda. Se dice de mí. Pero he tenido el reconocimiento y el respaldo de millones de argentinos aunque no me voten”, siguió Carrió, enfundada en un vestido blanco, en una especie de recorrido por su trayectoria política de los últimos años matizado con toques de humor ácido. “Tengan cuidado porque en cualquier momento me hago periodista y tomo un gobierno. Fernandito -la diputada miró a Fernando Sánchez, apoyado sobre una de las mesas principales-, comunicale a Mario Quintana”. El vicejefe de Gabinete, uno de los funcionarios de buena relación con ella, reía.

Y Carrió volvió a la carga en el momento en que reconoció a Negri, acompañado de su esposa. “No hubo casos que yo haya habido de tal amistad política en la Cámara de Diputados. Yo prohibiría las internas y les pondría pena de muerte. Lo mismo es lo que tenemos con Horacio Rodríguez Larreta. Esa campaña ejemplar de amistad política, y con el presidente del comité de campaña, que era el vicejefe de Gobierno, que tiene una mujer extraordinaria, lo mejor que le pasó en la vida y que lo encarriló, como Juliana… No me está saliendo el nombre del ‘rey de la noche'”, disparó la líder de la Coalición Cívica ya pasadas las 23, y la pantalla principal, un gran óvalo detrás del escenario rodeado de luces azules, enfocó a Santilli en primer plano.

“Diego Santilli, rey de la noche, vicejefe de gobierno y correcto esposo nacional”, exageró Carrió ya exaltada. Debajo del escenario, buena parte de la plana mayor del PRO ya se había rendido a su juego. Rodríguez Larreta había querido irse antes del inicio de su discurso, pero la diputada lo frenó en seco. Lo mismo Peña, que se fue hacia los apartados en los que la socia presidencial fumaba antes de dar su mensaje para saludarla, pero también le pidió quedarse con unas palmadas en el cuello que el jefe de Gabinete hubiera preferido evitar.

Carrió nunca nombró en su discurso a Peña. Tampoco a Vidal. Sí al jefe de Gobierno. Los tres candidatos a la sucesión presidencial en el 2023 en caso de que Macri, como pareciera, acepte ir por la reelección en el 2019, y eventualmente consiga un triunfo. Las evidentes tensiones en la mesa chica del Presidente, que en los últimos días recrudecieron, sobrevolaron la cena, que contó con más de mil asistentes. Muchos de ellos pagaron $3.000 por el cubierto.

“Si en la política no hay amistad no tiene sentido. Si no hay corazón abierto no hay sentido. Si la política no es generosa, te envenena el alma, si la política no es sincera, no le da sentido a la vida. Si la política no se da el gusto de decirle a los estúpidos “estúpidos”, tampoco tiene sentido. El hambre cero yo tenía derecho a decirlo. ¿Saben cuál ha sido uno de nuestros grandes males como nación? La estupidez. Están los malos, tipo (Néstor) Kirchner. ¡Aníbal! Que ya está ahí llegando, el único que me queda, ¡el único que me queda! Están los que no son ni buenos ni malos, son tipo amebas, que hay muchas. Después están los buenos con sus defectos, con sus virtudes, con su lenguaje diplomático. Cada uno sirve para estas cosas, pero la política tiene que servir para abrir el corazón y el conocimiento”, machacó “Lilita” y aprovechó para cargar contra el kirchnerismo.

Fue el prólogo para presentarlo a Negri, que resaltó el rol del interbloque de Cambiemos y se deshizo en elogios para la anfitriona. “‘Lilita’ cumplió un papel muy importante que Cambiemos se lo va a ir desplazando y va a ser el triunfo de ella. Fue el contrapoder en una república que se caía. Quizás a medida que pase el tiempo, tu silencio, que va a ser muy difícil lograrlo, va a ser porque dejaste de ser el contrapoder, pero volverán a brillar las instituciones, que es la república, la ley, la libertad”, dijo el diputado.

Carrió aprovechó la ocasión. “Lo que dijo es que me calle, ese es el sueño de todos”, contestó entre risas, y recordó cuando le cobraron $6.000 por un cabrito, en medio de los tarifazos del año pasado, y le llevó la queja a Macri a Olivos, en una tensa reunión de la que también participó Ernesto Sanz cuando la coalición de gobierno todavía funcionaba como una sociedad de tres integrantes. “Fue mi gran pelea con los dos. Decir que Sanz no está más…”, soltó la diputada, y dejó el micrófono. Abajo del escenario, Peña y Quintana reían por el comentario.

Marcos Peña, jefe de GabineteLa primera dama, Juliana AwadaMaría Eugenia Vidal, gobernadora de Buenos AiresEl vicejefe de Gobierno porteño, Diego Santilli, y Analía MaioranaEl jefe de Gobierno de la Ciudad, Horacio Rodríguez Larreta, y su esposa, Bárbara Diez (fotos de Nicolás Aboaf)

 

Fuente: Elisa Carrió aglutinó a la cúpula macrista en una multitudinaria cena, entre humoradas y tensiones internas

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