Donald Trump ha puesto un freno a las teocracias y comunismos

en Politica el 14/01/2018

Donald Trump (Getty Images)

En un mundo donde persisten tiranías abyectas y no solo persisten, sino que, como la cubana, cuentan con complicidades tan chocantes como las que mostraron y muestran Barack Obama, Jorge Bergoglio y buena parte de esa Europa hipocritísima y este subcontinente latinoamericano con su aberrante enamoramiento por los tiranos Castro y su antiamericanismo que ha permitido abrir las puertas a peligrosísimos regímenes, ideologías e intereses turbios, el triunfo de Donald Trump y su ascenso a la presidencia del país más poderoso del mundo, duélale a quien le duela, ha puesto un cierto freno al horror de una humanidad sometida por teocracias, comunistas y actualizadas versiones del mismo horror, nuevos sultanatos con sus mismas maldades. Y por supuesto del avance de terroristas asesinos y narcotraficantes revestidos ahora de respetabilidad y derechos para que, sin pagar por sus crímenes, los tengamos de inquilinos de palacios de gobierno, destruyendo naciones y burlando principios fundamentales para toda sociedad.

El próximo 20 de enero se cumple un año de la toma de posesión de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos. Trump, el americano triunfador en todo lo que se ha propuesto en la vida y el mandatario que derrotó no solo a adversarios políticos, sino a todos los medios de comunicación de su país y el mundo, decididos, junto a los arrogantes figurones de Hollywood, a convertirse en los escogedores de quien habría de dirigir los destinos de ese gran país y a ser ellos los que impusieran la doble moral que limpia la fea historia de una Hillary Clinton y su marido, historias que van desde escándalos sexuales ignorados con absoluta desfachatez hasta hechos de corrupción cometidos con esa Fundación Clinton que no aguanta ni una rápida pasada por sus libros, sus cuentas y sus recaudaciones más que oscuras. Por cierto, buena parte de ellas utilizando a Haití para lograrlas. Verdaderos clanes impartiendo y manteniendo un pateo contumaz a los valores morales de los estadounidenses y procurando su conversión en resignados frente a la destrucción de sus costumbres, sus tradiciones, su seguridad y sus derechos.

Trump no es ninguna monedita de oro que gusta a todos, es arrogante, es incómodo. Trump no compite por el primer puesto en un certamen de Mr. Simpatía. Pero Trump es el escogido por millones de hombres y mujeres de la América rural, de los habitantes de pequeños pueblos, esos que creen en la supremacía de su patria, que creen en Dios y en los valores morales que dieron forma a una nación que no está compuesta únicamente de poblaciones urbanas ni exquisitos universitarios creando castas como la “millennial generation”, apoyadores de tiranos y auspiciadores del fin de la familia como eje, y que ya aparecen como propensos a la transgresión de leyes y al delito. Él es el escogido por millones de blancos, muchos infinitamente pobres y hartos de ver, por ejemplo, cómo si a un negro un policía le dispara por ser un delincuente al que encuentra cometiendo un delito, este merece la muerte casi sin derecho a la defensa y cientos de cómplices salen a las calles con el único propósito de amedrentar e imponer una desigualdad que está hartando y no se acepta, ya que a la inversa pareciera imposible.

Las redes sociales tuvieron un impacto en millones de votantes

Trump, con sus 46 y medio millones de seguidores por la red social Twitter, hoy por hoy continúa tan fuerte como cuando casi duplicó la votación lograda por su adversaria, y la derrotó a ella y a su verdadero jefe de campaña que no fue otro que Barack Hussein Obama, y muy serias encuestadoras aseguran que volvería a ganar si las elecciones fueran hoy, ya que mantiene firme el apoyo de sus electores. Apoyo que para los poderosos detractores de Trump debe molestar mucho. Así, justo en estos días mi colega y amigo, el periodista español Hermann Tertsch, comentó vía Twitter que buscaba alguna felicitación de Roma o aplauso de la Iglesia Católica, ya que por primera vez en un país democrático occidental se dio el hecho de recortar la financiación pública del aborto. Agregó: “No encuentro nada. Claro, ha sido en los Estados Unidos. Ha sido Trump”.

Trump diciendo lo que muchos callan, no esquivando el costo de poner su país, su nación, como primera prioridad. Trump, el racista, condenado sin los derechos que si les otorgan a los que con absoluta desfachatez odian la cultura occidental y buscan destruirla; los que con sus crímenes obligan a sus connacionales a emigrar…

Y puedo yo decir que sobre el alboroto que se ha desatado por las sanciones que el Gobierno norteamericano ha impuesto a los narcochoros que hoy ostentan el poder en mi país, Venezuela, y también sobre la posibilidad de una intervención que pueda poner fin a esta tragedia que vivimos donde el hambre, la falta de medicamentos, la ausencia de democracia augura el mismo destino infausto del pobre pueblo cubano bajo una tiranía asquerosa con sus 59 años de permanencia, alboroto que promueve y organiza con total seguridad ese clan de “primorosos” adoradores de la izquierda canalla. Esos que siguen prefiriendo a Nicolás Maduro antes que a un presidente que impulse la libre empresa, la pluralidad, la democracia. Los que “dialogan” para mantener el castrochavismo y quieren “un medianamente imparcial” organismo electoral. Los que han salido como hienas a pretender llevar a la hoguera a una personalidad académica de peso mundial como es Ricardo Hausmann, pero nada dicen de la invasión de cubanos castristas, la de chinos, iraníes, rusos, palestinos, terroristas que en combinación con una banda de delincuentes civiles y militares han saqueado y destruido un país que fue uno de los mayores exportadores de petróleo del mundo.

El presidente venezolano Nicolás Maduro durante un discurso en el Palacio de Miraflores en Caracas (Palacio de Miraflores via Reuters)

Los que detestan a Trump porque no fue, como Obama, a revolcarse en esa Cuba que, después de casi seis décadas de tiranía, es un prostíbulo donde hasta las putas trabajan para los dictadores chulos que han colonizado a Venezuela. Porque no está dispuesto a seguir manteniendo a esa nomenclatura compuesta por la dinastía Castro y los dueños de Gaesa, el consorcio empresarial de los militares de Cuba, verdaderos dueños de esa isla martirizada. Porque sabe muy bien que Cuba y Venezuela en las manos que están jamás podrán salir de esa desventura.

Trump diciendo en Miami a los exiliados cubanos: “Prometí ser una voz contra la represión en nuestra región. Ser una voz para la libertad del pueblo cubano. Ustedes votaron por esa promesa y aquí estoy, como lo prometí” y anunciando: “Ha nacido una nueva política. Doy por cancelado el acuerdo de Obama. No apoyaremos al monopolio militar que oprime a los cubanos”.

Los que se retuercen porque Donald Trump no da rodeos para resumir el drama venezolano y puntualiza:

-“El pueblo venezolano está hambriento y su país está colapsando”.

-“La dictadura socialista de Maduro ha generado un dolor terrible y un sufrimiento al pueblo de ese país”.

-“La corrupción destruyó una próspera nación, imponiendo la ideología, generadora de pobreza y miseria en todos los lugares donde ha llegado”.

-“Maduro ha desafiado a su pueblo impulsando una Asamblea Constituyente para preservar su desastroso gobierno”.

-“Esta situación es completamente inaceptable y no podemos quedar al margen”.

-“Objetivo es ayudar a los venezolanos a volver a ganar su libertad, recuperar el país y restaurar su democracia”.

-“Estamos listos para adoptar acciones futuras si el gobierno de Venezuela persiste en su camino para imponer un régimen autoritario contra el pueblo venezolano”.

Así me sumo a Luis Almagro, ese amigo extraordinario con el que contamos y que, sin gazmoñerías al referirse a esa necesaria intervención, dice: “Estamos desafiando la historia. Eso es cierto en más de una forma: no es frecuente que los latinoamericanos pidan públicamente una intervención tan contundente de los Estados Unidos”.

Tengo muy claro que Cuba y Venezuela son las alas de una criatura demoníaca que es obligación atacar y destruir. Por tanto, por lo que he dicho, por mi rabia, por mi dolor, por la desesperanza de millones, por Cuba y Venezuela que merecen ser libres y con ciudadanos dignos y no esclavos, a Donald Trump, el deseado indeseable, que este próximo 20 de enero cumple un año ejerciendo con valentía como el presidente número 45 de Estados Unidos, y es hoy por hoy el único que ha asumido terminar con esa peste que obliga a emigrar, Dios le dé larga vida.

ebruzual@gmail.com / @eleonorabruzual / www.gentiuno.com

Fuente: Donald Trump ha puesto un freno a las teocracias y comunismos

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *