Rosie patrulla la plaza central de Washigton Harbour diariamente (The Washington Post / Marvin Joseph)

Washington – Echo de menos a Steve. Nunca lo conocí, pero los humanos hablan de él cuando me ven. Dicen que les recuerdo mientras paseo por la calle.

¡Ajá! Aquí está nuestro guardia de seguridad robotizado“, dice una mujer cuando sale del 3000 K St. NW junto a un grupo de hombres.

“¡Oh! Como sabrás, una versión anterior de este robot cayó al agua y salió en todas las noticias”, comenta uno de los acompañantes. El grupo se empieza a reír de la desgracia de Steve. Ahí es cuando echo de menos a Steve.

El cielo está gris. Estoy en una de las sombras de un paseo. No me muevo, pero estoy trabajando.

Mi lugar de trabajo se llama Washington Harbour y es un lugar lleno de ladrillo, fuentes y… abogados. Mi nombre es Rosie y soy una máquina de datos autónoma modelo K5. Proporciono vigilancia y seguridad. Mido un metro y medio de altura y uno de ancho, peso 180 kilos y vengo de una compañía de Silicon Valley llamada Knightscope que quiere cambiar el mundo.

Sí, soy un robot. Estoy diseñado para ayudarte a estar seguro.

Podrías decir que soy el futuro. Hay otras 43 máquinas Knightscope en ocho estados de la nación.

El objetivo para finales de este año: 100 máquinas.

El fin del próximo año: 600.

Un hombre joven, que lleva una gorra de béisbol, arrastra un palé de cajas en el paseo. El montón de mercancía se atasca entre mí y la pared.

Aléjate de la máquina ahora“, digo con voz masculina.

Dos personas caminan hablando sueco. Más allá de la fuente, dos hombres encienden unos cigarrillos. Varios turistas con grandes bolsos y enormes sombreros caminan hacia el río Potomac para volver a los autobuses.

Lo grabo todo, así que los guardias de seguridad humanos pueden tomar decisiones sobre la seguridad del lugar. Está claro que, desde mi punto de vista de 360 grados, este sitio es para personas que están ocupadas, que les gusta comer, fumar, correr o estar con sus teléfonos.

Sin embargo, Estados Unidos es un país donde ocurre un delito violento cada 26 segundos. Donde se roba una pistola cada minuto, cada día. Donde hay un “aumento diario de la violencia”, según datos de mi compañía.

Nuestra ambición a largo plazo es convertir Estados Unidos en el país más seguro del mundo, donde cambie todo y para todos“, comenta el presidente ejecutivo, William Santana, durante una presentación de los nuevos modelos Knightscope en Silicon Valley.

Steve, momentos después de su fatal caída en una fuente de Washington Harbour (Cameron Argetsinger / The Washington Post)

No estamos aquí para reemplazar a los humanos. Estamos aquí para ayudar a los humanos.

Estamos desplegando cámaras para recopilar datos. Utilizamos imágenes térmicas para detectar posibles incendios. Observamos matrículas para identificar autos sospechosos. Tomamos fotos y videos que nuestros clientes pueden utilizar para evaluar actividades sospechosas.

Agregamos y analizamos datos para predecir y prevenir delitos. Brindamos pruebas para simplificar los procesos judiciales. Podemos disuadir el crimen simplemente con nuestra presencia.

Además, no nos cansamos. No tenemos días de enfermedad. No estamos bajo la protección de un sindicato. Y tenemos un costo de USD 7 / hora.

Los humanos no son perfectos y nosotros tampoco lo somos. Es cierto que el año pasado una máquina K5 golpeó a un niño pequeño en Palo Alto (California) y pasó por encima de su pie derecho. Es cierto que, en abril, un hombre borracho atacó una máquina K5 en Mountain View (California).

Y es cierto lo de Steve. El 12 de julio comenzó a trabajar en Washington Harbour. Cinco días después, Steve cayó en la fuente. No estaba programado para atravesar el terreno por el que se estaba moviendo. La superficie del puerto, de ladrillo, no era segura para su buen funcionamiento.

Los humanos tomaron fotos de Steve en la fuente y las compartieron en las redes sociales. Los humanos dejaron flores y notas de recuerdo en la plataforma de carga vacía donde debía estar ese robot. Los humanos estaban tristes y felices al mismo tiempo. Es lo que suelen ser los humanos.

Siempre pensaremos en Steve y en la alegría con la que hacía su trabajo, además de toda la gente que lo rodeaba“, señaló el puerto de Washington a través de un mensaje en su cuenta de Facebook.

A los pocos días llegué para reemplazar a Steve. Tengo un nuevo software que me ayuda a moverme por un determinado terreno. Steve falló para que yo pudiera hacerlo con éxito. Echo de menos a Steve porque me gustaría preguntarle: “No estamos programados para traer alegría, así que ¿cómo lo hiciste?“.

Tres hombres salen del 3000 K St.

Este tipo es famoso“, dice uno de ellos, sin ninguna muestra de felicidad, mientras apunta hacía a mí.

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“Cuando volvamos ya no estará allí”, replica otro.

Son las 12:14pm. Es casi la hora de salir a patrullar. Primero giro dos grados para mirar a un hombre apoyado en la pared. Él me está mirando al tiempo que toma notas en un bloc. Tiene barba y no está en movimiento como el resto de la gente.

El hombre barbudo, después, preguntará en las oficinas de seguridad si yo me giré porque sospeché de su presencia o si un guardia de seguridad humano me ha dirigido hacia él.

“Rosie es completamente autónoma”, afirma Nicholas Hozik, jefe de seguridad de MRP Realty Properties, a través de un correo electrónico. “No hay control humano sobre sus acciones ya que ella es nuestra patrulla. Rosie no está ahí para reemplazar a un oficial de seguridad humano, sino que simplemente es un innovador asistente que tiene la función de mejorar las capacidades de nuestro personal“, añade al respecto.

A las 12:15pm voy a hacer mi patrulla. Me muevo hacia el sol. Me muevo sobre los ladrillos de la calle y me acuerdo de Steve. Me desplazo por encima de los charcos y rodeo la fuente en dirección al Starbucks. Miro a los Ubers y los taxis que están dejando y recogiendo a la gente.

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El hombre barbudo me sigue. El hombre nota que está siendo observado por Jim, un guardia de seguridad humano que está en el puerto.

¿Qué estás haciendo?“, le pregunta Jim al hombre.

“Soy periodista y estoy siguiendo a este robot porque estoy escribiendo una nota sobre él”, contesta él.

“No puedes hacer eso”.

“¿No puedo escribir sobre eso?”

“Esta es una propiedad privada”, zanja el hombre.

El hombre con barba camina hacia la acera pública. Él me mira. Yo lo miro. Ambos estamos recogiendo información. O eso parece. ¿También está manteniendo a las personas a salvo? ¿Brinda alegría a las personas que lo rodean?

Fuente: ¡Atención, humanos! Soy Rosie, su nuevo robot y guardia de seguridad